Fatoumata Jallow-Tambajang: “Cuando tenemos la oportunidad, como líderes, de estar en mesas de negociaciones, debemos pensar en aquellas que no tienen voz, en las que siguen siendo invisibles”


Madrid, 04 de noviembre, 2025 — Con motivo del 25 aniversario de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la Alianza de Mujeres por la Paz, una iniciativa de la Fundación Mujeres por África junto a UNAOC, celebró el pasado viernes un evento online bajo el lema “Reforcemos el rol de las mujeres en la mediación por la paz”. El encuentro contó con la intervención de Fatoumata Jallow-Tambajang, ex vicepresidenta de la República de Gambia y una de las líderes africanas con las que tenemos el gusto de colaborar en el área de Liderazgo Político, Paz y Seguridad. 

 

Su intervención al completo:

 

Antes de comenzar, es para mí un honor y un placer expresar mi más profundo agradecimiento a la Fundación Mujeres por África. Agradecemos especialmente a Su Excelencia, la señora M.ª Teresa Fernández de la Vega, y reconocemos su firme compromiso con el liderazgo de las mujeres en los ámbitos de la paz, la seguridad y el desarrollo. Hoy está representada por nuestra hija, la directora de Comunicación de la Fundación, Antonina, y es para mí un verdadero placer, en nombre propio y en nombre de todos los participantes, expresar mi gratitud a “mi querida hermana Teresa.”

En segundo lugar, quisiera que rindiéramos homenaje a todas las personas que han perdido la vida en la causa de la paz y la estabilidad, no solo en África, sino en todo el mundo, en especial a las mujeres y a las niñas.

Este aniversario debe ser un momento de reflexión sobre lo que hemos logrado hasta ahora —desde aquel octubre del año 2000 hasta hoy— y también una oportunidad para mirar hacia adelante, para seguir formulando soluciones concretas que garanticen que la inseguridad en la vida de las mujeres y la violencia contra ellas pasen definitivamente a la historia.

En octubre del año 2000 comenzó una lucha: la lucha de las mujeres y de sus aliados, hombres y mujeres, que trabajaron incansablemente para influir en la adopción de la Resolución 1325. Por primera vez en la historia, los líderes mundiales reconocieron el papel esencial que desempeñan las mujeres en la paz y la seguridad, en la mediación y en la reconstrucción de sociedades, aunque muchas veces su labor haya sido invisible.

Aquel fue un hecho histórico, sin embargo, después de todos estos años, seguimos hablando, seguimos en el terreno de la incidencia, de la promoción y de la sensibilización.

Mi esperanza, y la esperanza de cada una de las mujeres líderes a quienes reconozco en esta mesa, estén aquí presentes o no, nace del hecho de que, por circunstancias ajenas a nuestra voluntad, no todas pueden estar hoy aquí. Sin embargo, por razones de humanidad, cuando tenemos la oportunidad, como líderes, de estar en la mesa de negociaciones, debemos pensar en aquellas que no tienen voz, en las que siguen siendo invisibles y en las que aún son víctimas de violencia.

Hoy hemos comprendido que, tanto en África como en el resto del mundo, se han adoptado numerosas resoluciones por parte de los líderes mundiales. Pero si observamos la tasa de implementación, y la comparamos con los recursos que se invierten en la corrupción, ya sea a través de los gobiernos o de las propias organizaciones de la sociedad civil, vemos que apenas un 2% se destina realmente a garantizar el empoderamiento de las mujeres en los ámbitos de la mediación, la negociación y los acuerdos de paz.

Esto es algo que debemos revertir. Y la única forma de hacerlo es continuando nuestra labor de incidencia, alzando la voz en el ámbito político y en los pasillos del poder.

En segundo lugar, observamos que muchas mujeres líderes siguen enfrentando grandes dificultades dentro de sus propias organizaciones, debido a la falta de financiación necesaria para fortalecer las capacidades de sus instituciones: para poder formular políticas, realizar labores de incidencia y ejecutar proyectos que promuevan verdaderamente el progreso humano.

Proyectos en materia de empoderamiento económico y social, de promoción y movilización de recursos, y de creación de redes, es algo especialmente importante.

Me alegra profundamente comprobar que las iniciativas de base que se han presentado hasta ahora demuestran que las mujeres líderes están estableciendo cada vez más vínculos con otras organizaciones de mujeres, tanto dentro de sus propias comunidades como en todo el continente africano. Están dialogando, compartiendo experiencias y aprendiendo unas de otras, con el fin de generar un impacto real en la implementación de la Resolución 1325.

El secretario general, António Gutiérrez, se refirió a este aniversario. Señaló, junto con la Vicesecretaria General, su Excelencia Amina Mohamed, que, aunque se ha dicho mucho sobre la Resolución desde su adopción en el año 2000, han constatado que la paz, y las mujeres en la paz, siguen estando bajo amenaza. La vida de las mujeres en contextos de guerra y conflicto continúa viéndose gravemente amenazada.

Y, como dice mi hija Caddy, la paz verdadera no consiste únicamente en la ausencia de guerra, sino también en la presencia de derechos fundamentales: el acceso a los servicios sociales básicos, a la educación, a la salud, a la seguridad, a la seguridad alimentaria, que hoy llamamos también soberanía alimentaria, así como al acceso a los recursos financieros que permitan a las mujeres avanzar en sus vidas.

Numerosos estudios han demostrado que la falta de paz, la escasez de recursos y la ausencia de oportunidades para las mujeres las vuelven más vulnerables a la pobreza y a la violencia de género.

Si las mujeres están económicamente empoderadas, pueden influir en la toma de decisiones. Pueden contribuir a garantizar que las políticas se implementen no según la conveniencia o el criterio de los gobiernos, sino de una forma que dignifique y eleve la vida de las mujeres.

En este sentido, deseo formular recomendaciones concretas que podamos incorporar en un plan de acción estratégico, con un marco temporal claro y bien definido.

Me complace estar hoy aquí para contribuir al seguimiento de las políticas y programas en nuestros distintos países y, por supuesto, en todo el continente africano.

En primer lugar, debemos ejercer una labor de incidencia sólida para garantizar que la Agenda 2063 de África, que imagina un continente pacífico, seguro y próspero, se implemente en alianza con las mujeres líderes. Y, por supuesto, también junto a los hombres, porque cada vez son más los hombres comprometidos que se suman al esfuerzo y al trabajo de las mujeres.

La paz y la seguridad que plantea la Agenda 2063 nunca podrán alcanzarse sin la participación plena de las mujeres y las niñas. Por eso, debemos convertirlo en una recomendación prioritaria: desarrollar acciones estratégicas, políticas concretas y una firme labor de incidencia que garanticen recursos e inversión sostenida.

En segundo lugar, contamos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en particular el Objetivo 5, sobre igualdad de género y empoderamiento de las mujeres, y el Objetivo 16, sobre paz, justicia e instituciones sólidas. A través de un enfoque basado en la evaluación, debemos centrarnos en los datos. Es fundamental utilizarlos como herramienta para influir en las políticas y en la toma de decisiones —a nivel global, nacional y continental—.

Los datos deben mostrarnos dónde estamos hoy:

¿Cuántas mujeres tienen acceso a recursos productivos?

¿Cuántas tienen acceso a oportunidades económicas, educación y servicios de salud?

¿Cuántas mujeres participan en negociaciones y procesos de mediación por la paz?

Debemos exigir rendición de cuentas a los líderes, no solo a los líderes mundiales en el marco de las Naciones Unidas o de la Unión Africana, sino también a los organismos regionales, como la CEDEAO (ECOWAS), que cuenta con un protocolo sobre buena gobernanza. Porque, en el fondo, la raíz del sufrimiento de las mujeres como víctimas de la guerra, las crisis o las tensiones políticas es la mala gobernanza.

Si hay buena gobernanza, habrá rendición de cuentas a nivel global y nacional.

Hoy, las Naciones Unidas cumplen 80 años, y sin embargo África aún no cuenta con un asiento permanente en el Consejo de Seguridad. Esto es algo por lo que debemos luchar como mujeres. Debemos apoyar a nuestros gobiernos y trabajar junto a ellos para que nuestras voces sean escuchadas en las negociaciones dentro del sistema de la ONU.

África debe estar representada en el Consejo de Seguridad. De lo contrario, seguiremos viendo cómo un solo país puede vetar decisiones mientras otros permanecen en silencio. Este asunto ya ha sido planteado por varios gobiernos en la Asamblea General de la ONU este año, y me alegra profundamente. Pero nosotras, las mujeres, no debemos guardar silencio.

Debemos respaldar esa causa, no solo para que haya líderes africanos sentados allí como representantes de “hombre a hombre”, sino para garantizar que las mujeres formen parte integral del Consejo de Seguridad y de todas las instancias de gobierno.

En tercer lugar, debemos fortalecer nuestras instituciones, comenzando por las organizaciones de la sociedad civil. Es necesario movilizar recursos nacionales e internacionales y establecer alianzas que fortalezcan nuestras instituciones: que les permitan formular políticas y programas, desarrollar herramientas de incidencia y dotar a las mujeres de las competencias y recursos necesarios para defender sus propios derechos.

Necesitamos políticas que aborden la erradicación de la pobreza, porque, cuando observamos el rostro de la pobreza, vemos un rostro femenino: la pobreza tiene el rostro de una mujer. Debemos garantizar que los líderes desarrollen programas que empoderen verdaderamente a las mujeres en nuestras sociedades y comunidades.

En cuarto lugar, y como recomendación final, debemos asegurar la inclusión generacional. Entre las mujeres líderes, incorporemos a las jóvenes.

Esta es mi pasión, y este es mi compromiso con las mujeres: mientras viva, no dejaré a las mujeres solas.

Siempre estaré donde ellas estén. Siempre hablaré en su nombre, pero también permitiré que hablen por sí mismas porque empoderarlas significa darles voz, acompañarlas, ser su mentora.

Si las personas mayores en toda sociedad poseen sabiduría y experiencia, entonces nosotras, como mayores, debemos seguir apoyando a las nuevas generaciones a través del diálogo intergeneracional, la interacción, la orientación, el acompañamiento y la creación de oportunidades.

Para nuestros hijos e hijas que han abandonado la escuela quienes, por dificultades económicas u otras razones, han atravesado situaciones de gran vulnerabilidad, debemos garantizar que las instituciones y los gobiernos generen un entorno propicio que les permita reincorporarse al desarrollo. Esto puede lograrse mediante programas extraescolares y de reinserción educativa, que les ayuden a comprender sus derechos.

Porque los derechos de las mujeres son los derechos de la humanidad. Son derechos inalienables, y se llaman así porque nacemos con ellos: no se adquieren, se poseen por naturaleza. Son derechos fundamentales que toda persona debe poder ejercer.

Mi última observación es la siguiente: Mujeres por África, Charles, con vuestras organizaciones y todos los demás socios, tenéis un gran papel que desempeñar. Lo habéis estado haciendo de manera eficaz y excelente. Pero, una vez más, nos gustaría animaros a que sigáis adelante.

No es fácil ser un hombre que defiende la causa de las mujeres, yo sé bien lo difícil que puede ser. Y sé que estás aquí, con nosotras, por tu compromiso y tu pasión. Te animamos a que sigas movilizando recursos para la Coalición de Mujeres Africanas por la Mediación de la Paz, para fortalecer su capacidad y sus medios.

Sin embargo, es fundamental que esos recursos estén institucionalizados, dirigidos a actividades concretas que puedan ser supervisadas y evaluadas. La rendición de cuentas en la gobernanza es esencial. Si se otorgan recursos—ya sea a través de proyectos o de subvenciones—debemos establecer auditorías periódicas, anuales o bienales según los medios disponibles. Esto debe ser una práctica constante para garantizar la eficacia y sostenibilidad de todas las organizaciones.

Así que, Charles, te animamos. Te damos esa responsabilidad y te aseguramos nuestro compromiso continuo y nuestro agradecimiento hacia Mujeres por África.

Mujeres por África, queremos enviarte el mismo mensaje: apreciamos todo lo que has estado haciendo por nosotras y queremos que continúes. La plataforma en la que nos encontramos hoy debe convertirse en uno de los instrumentos clave que permita a Mujeres por África movilizarse de manera eficaz, para tener la capacidad de mover recursos, especialmente para las mujeres de las zonas más difíciles.

Hoy me encuentro en Gambia, un país relativamente pacífico, pero no duermo tranquila. No puedo dormir sabiendo, que en la República Democrática del Congo, en Sudán, en Somalia y en otros países en crisis, las mujeres y los niños siguen sufriendo.

No puedo comer sabiendo que otras mujeres, mis hermanas, mis hijas, porque una madre siempre es madre de todos, no tienen qué comer, no tienen dónde dormir ni saben de dónde vendrá su próxima comida.

Por eso debemos comprender que la paz y la seguridad no se reducen a la mera ausencia de guerra o de violencia. Debemos entenderlas como la presencia de la igualdad de género, reflejada en las políticas, los programas y las inversiones.

Exijamos a nuestros gobiernos que rindan cuentas, que garanticen que todas sus inversiones, también las realizadas a través del Banco Mundial y las instituciones de Bretton Woods, promuevan realmente la buena gobernanza y el empoderamiento de las mujeres.
Porque, si analizamos el impacto de esas inversiones en nuestros países y lo comparamos con los avances reales para las mujeres, veremos que muchas veces no pasan de ser gestos simbólicos.

Por eso, debemos mantenernos firmes. No debemos desesperar.

Estoy aquí para apoyaros.
Siempre os apoyaré en todo lo que esté a mi alcance.

Y, con estas palabras, quiero daros las gracias sinceramente y pedir a Dios que os siga guiando y bendiciendo.

Y me despido con una nota de esperanza y aliento.

 

 

*Imagen tomada durante el Congreso internacional: «Mediación de conflictos y consolidación de la paz: reforzar el papel de las mujeres», celebrado en Kinshasa el 16 y 17 de julio de 2024.