Janie Danielle Raharivola. Madagascar


23/04/2020

Janie Danielle Raharivola es profesora en la Universidad de Antananarivo y presidenta de la Asociación de Profesores de Español en Madagascar. Fue una de las participantes del Congreso de Hispanistas Africanas que organizó hace unos años la FMxA en Abidjan.

Janie Danielle Raharivola, Hispanista, MadagascarLamentablemente la Covid 19 apareció en Madagascar tras la llegada de los últimos vuelos internacionales, el 20 de marzo de 2020, son casos importados, como  dicen aquí.

Enseguida, el gobierno ha tomado diferentes medidas tales como el cierre de las escuelas desde la primaria hasta la universitaria, la interrupción de todos los transportes públicos en Antananarivo, la capital, los transportes por carreteras hacia las provincias, el cierre de las iglesias, restaurantes, cabarets, discotecas y cancelación de espectáculos y prohibición de reunión. El confinamiento es el resumen de lo dicho.

El estado malgache ya se ha preparado a la llegada de la Covid 19 por lo tanto creo que ya no es cuestión de confianza en las autoridades políticas o no. Es una pandemia que afecta a todos y, siendo yo generalmente positiva, tengo la convicción de sus buenas intenciones. En cuanto a las autoridades sanitarias, estoy muy segura de su competencia, su profesionalidad y su dedicación. Sin embargo, la honestidad ha de verse en todos los niveles para aliviar la pobreza de la población.

La Covid 19 afecta y afectará a la población debido al confinamiento y al toque de queda, la pérdida de empleos, la insuficiencia alimentaria e, incluso, la depresión para algunos.

Actualmente me involucro mucho  en el cuidado de mi madre que tiene 89 años y que no comprende  por qué sus hijos no la visitan y por qué ella no puede salir. Participo en las tareas domésticas, hago reparaciones, leo, envío documentos a mis estudiantes, veo la televisión, sobre todo,  noticias y  documentales, me ocupo de mi huerto, hago jardinería y ejercicios físicos de vez en cuando con mi hija y mis sobrinos porque vivimos en un mismo edificio.

Limito mis salidas al mercado y supermercado, siempre siguiendo las instrucciones sanitarias. Personalmente, al ser viuda, echo de menos poder compartir, dialogar con la gente o sentir apoyo moral. Sin embargo, en algún lugar dentro de mí, intento ser positiva y me entrego a Dios. Todos los problemas evocados son vividos por todos sin excepción.

Extraño a mi gran familia, a mis colegas, estudiantes, amigos y las salidas fuera de la ciudad. En cuanto a mi entorno, casi todos  teletrabajan y hasta ahora no encuentran grandes dificultad.

En mi país, creo que todo el mundo se ve afectado por esta crisis: niños, adolescentes, jóvenes quieren reanudar sus estudios, ya que sus actividades actuales se ven limitadas por el confinamiento. Los padres necesitan trabajar para mantener a su familia. Pero pese a todos los problemas, podemos destacar puntos positivos del confinamiento: hay más ambiente familiar, ayuda mutua en casa que hace que disminuya la carga doméstica  de las mujeres, también lo veo como una oportunidad para aprender cosas nuevas.

No obstante, en mi país, igual que todos los países,  necesitará algunos años para recuperarse económicamente. Siendo un país en vías de desarrollo, esto tendrá impactos en las familias, independientemente de cual fuera su nivel de vida antes del coronavirus.

Esta pandemia nos enseña  a compartir, a ayudarnos mutuamente, a participar, y cada uno debe meditar sobre el valor humano y ambiental. El futuro no nos pertenece y es el momento en que cada cual  ha de aceptar la existencia y el poder de Dios.

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