Cada año, más de tres millones de niñas corren el riesgo de sufrir la MGF. Día 13


  • Siguiendo con la campaña #16daysofactivism no podíamos dejar de hablar de una terrible violación contra las niñas y mujeres.

La mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los procedimientos consistentes en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos. (OMS, 2018)

Estos procedimientos han sido universalmente reconocidos como una grave violación de los derechos humanos de las mujeres y de las niñas. Dado que su imposición les priva del derecho a la integridad física de sus cuerpos y les somete a tratos crueles, que comprometen seriamente su salud física y su bienestar psíquico. Las secuelas ligadas a la MGF también atentan contra los derechos reproductivos y sexuales de las mismas; ya que su práctica suele ocasionar serios problemas vaginales y sexuales, además de incrementar las complicaciones en el parto y la mortalidad fetal y neonatal. En definitiva, la MGF no presenta ningún beneficio médico para la salud de las mujeres y de las niñas que la padecen; de lo contrario, su práctica puede resultar en la muerte de las mismas, arrebatándoles el derecho a la vida.

Cabe resaltar que la MGF se practica mayoritariamente durante la infancia, a niñas entre la edad de la lactancia y de la adolescencia, lo que indudablemente constituye una severa violación de los derechos del niño y consolida una forma extrema de discriminación y de violencia hacia las mujeres. Asimismo, estas prácticas pueden desembocar en el matrimonio infantil, lo que no sólo pone en riesgo la seguridad y la salud de las niñas; sino que también compromete su porvenir al forzarlas a abandonar la escuela a edades muy tempranas.

Según las últimas cifras publicadas por UNICEF, se estima que en la actualidad, en los treinta países situados principalmente en África, Oriente Medio y Asia donde se concentran estas prácticas, más de 200 millones de mujeres y niñas han sido sometidas a la MGF. De las cuales, más de la mitad proviene de Egipto, Etiopía e Indonesia. Por lo que se calcula, que cada año, más de tres millones de niñas corren el riesgo de sufrir la MGF. (ONU, 2018)

A pesar de estar oficialmente prohibida, la MGF es una realidad que persiste tanto en los países en los que supone una costumbre milenaria, como en las sociedades receptoras de inmigrantes provenientes de dichos países, como la nuestra. Por lo que, lejos de haber desaparecido, la MGF ha tomado una nueva dimensión global; en el caso de que no se reinviertan estas tendencias, el número de mujeres y niñas sometidas a estas prácticas seguirá aumentando. Lo que sin lugar a duda tendrá un importante impacto en África, donde se prevé que se concentre más de la mitad del crecimiento demográfico mundial en 2050.

Estas cifras desorbitadas, realzan la necesidad imperiosa de velar por una aplicación efectiva de los instrumentos destinados a su erradicación y de mejorar los conocimientos, las actitudes y las aptitudes a la hora de tratar sus complicaciones. No obstante, es importante visibilizar los esfuerzos llevados a cabo ya no sólo por los organismos internacionales y estatales, sino por los propios integrantes de las comunidades en las cuales la MGF aún es considerada una norma social. Este activismo interno es capaz de provocar transformaciones reales y de salvar a las futuras generaciones de la MGF.g

(Este trabajo es elaborado por Bárbara Marques,  Blanca Sell y Anaïs Sánchez de Lucas, estudiantes y voluntarias en la FMxA)