Madrid, 21 de octubre, 2025 _ Octubre es el Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama, una oportunidad para arrojar luz sobre una de las formas de cáncer más comunes que afectan a las mujeres en todo el mundo. Para conmemorar la ocasión, hablamos con la Dra. Joy Odimegwu, una científica nigeriana que hace dos años estuvo investigando en el Instituto de Investigación Sanitaria de Castilla-La Mancha gracias al programa Science by Women.
El trabajo de la Dra. Odimegwu se centra en utilizar nanotecnología para mejorar las formulaciones de medicamentos naturales, en particular para el tratamiento del cáncer y el manejo del dolor.
Conversaciones como esta importan. Porque para afrontar la creciente carga del cáncer en el continente africano, es esencial amplificar las voces de científicas que están impulsando la investigación y desarrollando soluciones adaptadas a los contextos y necesidades específicos de sus países.
Solo una de cada dos mujeres diagnosticadas de cáncer de mama en África subsahariana sobrevive cinco años, mientras que en los países de renta alta la tasa de supervivencia a cinco años supera el 90%. Estas eran sus palabras hace dos años: “En África, un diagnóstico de cáncer de mama es una sentencia de muerte”. ¿Por qué sigue siendo tan grande esta brecha?
Mis comentarios en 2024 sobre el diagnóstico de cáncer de mama, por desgracia, siguen siendo válidos a día de hoy porque nada ha cambiado para mejor.
Las estadísticas registradas quizá ni siquiera sean fidedignas, y lo explicaré.
La situación es aún más grave en la mayor parte de África subsahariana, salvo en Sudáfrica. El estudio Global Burden of Disease (GBD) 2019 concluyó que las tasas de mortalidad por cáncer de mama en África subsahariana son de dos a tres veces superiores a las de las regiones de rentas altas.
Yo digo que podrían ser cinco veces mayores porque muchas personas mueren sin llegar nunca a un hospital, así que no hay registros de su fallecimiento.
El diagnóstico en fases avanzadas es muy común. En la literatura se afirma que más del 70% de las mujeres africanas son diagnosticadas en estadio III o IV, frente a menos del 20% en los países de ingresos altos. Pero en realidad podrían ser más, porque tenemos un problema de diagnóstico. Es caro y por ello una gran parte de las pacientes permanece sin diagnosticar y muere por complicaciones.
Los estudios muestran que alrededor del 60–70% de las mujeres en países africanos son diagnosticadas en una fase tardía. ¿Es el diagnóstico tardío la principal razón de la alta mortalidad, o hay otros factores que contribuyen?
El diagnóstico tardío es la principal causa de mortalidad, pero hay otras razones, como las siguientes:
En primer lugar, el estigma retrasa la detección hasta etapas avanzadas. Sí, las personas y las familias pueden seguir siendo estigmatizadas por un diagnóstico de cáncer, aunque sea una enfermedad no transmisible.
En segundo lugar, acceso drásticamente limitado al tratamiento, escasez de centros de oncología, radioterapia y quimioterapia y de médicos especializados en estas áreas. Hace 2 años la situación de nuestra sanidad era mala; ahora, al menos en Nigeria, donde vivo y trabajo, es desesperante. Muchos médicos se han trasladado a economías desarrolladas, donde su trabajo es valorado y ganan salarios dignos.
En tercer lugar: barreras financieras; los gastos que deben pagar los pacientes impiden que muchos completen el tratamiento. Desafíos del sistema de salud: sistemas de derivación deficientes, seguimiento inadecuado de los datos y servicios de patología limitados.
Cuarto y último, factores culturales y sociales; el miedo, los mitos y las dinámicas de género dificultan la búsqueda temprana de atención.
Informes indican que, en Nigeria, la mayoría de las pacientes con cáncer de mama son mujeres jóvenes, premenopáusicas, diagnosticadas con enfermedad avanzada. ¿Cómo se explica esta tendencia y qué nos dice sobre la naturaleza del cáncer de mama en Nigeria?
En Nigeria se están diagnosticando cánceres de mama en todos los grupos de edad. Hay una tendencia reciente entre mujeres en la cuarentena y cincuentena, perimenopáusicas, del mismo modo que el auge de los cánceres colorrectales entre personas de 20 a 40 años en Europa.
Esta tendencia sigue siendo inexplicable. Por mi experiencia, creo que el cáncer es en gran medida una enfermedad relacionada con el estilo de vida.
Algunos pueden prevenirse con alimentación saludable y ejercicio. La mayoría de los países del mundo desarrollado están invirtiendo mucho en estrategias de prevención del cáncer mediante el consumo elevado de frutas y verduras y el ejercicio.
Los informes de investigación también han confirmado que este es el enfoque adecuado, ya que existen resultados significativamente positivos en pacientes que cambian a estilos de vida más saludables y no presentan recurrencias de cáncer, a diferencia de quienes no lo hacen.
En Nigeria, la mayoría de los gastos sanitarios corren a cargo de los propios pacientes. ¿Cómo afecta esta carga financiera al acceso de las mujeres al diagnóstico y al tratamiento?
Es un problema nacional y afecta tanto a hombres como a mujeres. Las mujeres se ven más afectadas por la carga de la maternidad. Existen seguros médicos para los trabajadores en el sector formal, pero la mayoría de la ciudadanía no lo está, por lo que carece de esa red de seguridad y la situación es crítica. La atención sanitaria no es asequible, accesible, ni está disponible para una gran parte de la población.
Muchas personas, alrededor del 70% o más, dependen por tanto de las medicinas tradicionales, que son eficaces y están siendo reguladas cada vez mejor. Mi investigación en el área ha mostrado resultados asombrosos para tratamientos del cáncer de mama.
Más allá de las limitaciones financieras, ¿qué otras barreras impiden que las mujeres nigerianas busquen o continúen el tratamiento?
Más allá de las limitaciones financieras, las mujeres nigerianas se enfrentan a múltiples barreras para buscar o continuar sus tratamientos de salud.
Acceso limitado o nulo a centros de salud, especialmente en zonas rurales, y escasez de personal sanitario femenino, sobre todo en el norte de Nigeria. La mayoría de los centros funcionales están en áreas urbanas. También hay problemas de seguridad, ya que la inseguridad ha aumentado en los últimos 2 a 3 años. En algunas zonas del país operan terroristas sin control.
Las creencias culturales, el estigma y el miedo a un diagnóstico grave desincentivan la intervención temprana, sobre todo en lo que cocierne a los problemas de salud mental y a algunas cuestiones ginecológicas.
La falta de conocimientos sobre salud y la desinformación reducen la confianza en los sistemas médicos. Muchas personas no creen en absoluto en los médicos debido a las numerosas historias que circulan sobre unos pocos que son deshonestos. Además, los largos tiempos de espera, las herramientas de diagnóstico inadecuadas y los sistemas de derivación fragmentados complican aún más la atención. Esto se debe al deficiente suministro eléctrico en algunas zonas del país. Los pacientes se ven obligados a esperar porque los hospitales están muy mal equipados y carecen de planes de energía de reserva.
Las responsabilidades familiares y la falta de apoyo social también dificultan la asistencia a los centros de salud.
Su investigación se centra en el desarrollo de medicamentos herbarios para el cáncer de mama. ¿Por qué esta línea de investigación es especialmente relevante en el contexto nigeriano?
Llevo más de 20 años investigando el descubrimiento de fármacos a partir de plantas, especialmente aquellas que también se consumen como alimentos. En los últimos 5 años he pasado a la fase traslacional de administración de fármacos a base de plantas para cánceres, infecciones microbianas y dolor. La transición se debió a las necesidades sociales. Entre el 70% y el 80% de los nigerianos, y de hecho a nivel global, según investigaciones de la OMS, dependen de medicinas herbarias y, aunque se han logrado grandes avances en ese ámbito, aún existen deficiencias en lo que respecta a las dosis y la estandarización de los medicamentos.
Decidí formar parte de la solución contribuyendo a cubrir las carencias necesarias y a mejorar la situación sanitaria en Nigeria, África y el mundo entero.
¿Podrían los tratamientos herbarios ayudar a reducir el costo general de la atención oncológica?
Sí, por supuesto. Las medicinas herbarias son más baratas y bastante eficaces. Un ejemplo son mis hallazgos investigando sobre los ñames, un cultivo básico en África; el brócoli que, aunque es de clima templado, crece bien en las zonas más frías de Nigeria; y los frutos y hojas de guanábana, que crece bien en los trópicos.
Actualmente estoy trabajando en completar la investigación sobre nanomedicina para perfeccionar las dosis de estos medicamentos a base de hierbas para terapia dirigida contra el cáncer. Gracias a Mujeres por África y al laboratorio de la Prof. Ester Vázquez Fernández-Pacheco en la Universidad de Castilla-La Mancha por los avances que he logrado en esta área.
Sin embargo, necesito más recursos financieros para poder someter a pruebas de seguridad los nanomedicamentos, que son bastante potentes, y luego llevarlos a las clínicas para que tengan un mayor impacto positivo en la vida de las personas, no solo en África, sino en todo el mundo.
Los resultados de mi investigación demuestran que las pacientes con cáncer en estadios avanzados podrían beneficiarse de una mejor calidad de vida, y mi determinación de seguir esta línea de investigación, sin dejar a NADIE ATRÁS, me ha llevado a producir BROCCULUS®, brócoli puro; escaldado, deshidratado y pulverizado, de modo que se consume una cantidad concentrada de sulforafano, el compuesto natural anticancerígeno que modula el estrógeno y la testosterona, siendo por tanto de gran ayuda para los cánceres de próstata y de mama y otros cánceres hormonodependientes.
Octubre es el Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama. Desde su perspectiva como investigadora, ¿cuáles son los mayores retos que aún frenan el progreso en su campo?
El dinero. Ya contamos con la experiencia. El apoyo financiero proporcionará la infraestructura necesaria para llevar las medicinas herbarias que ya son eficaces a la estratosfera. Permitirá a investigadores como yo formar a otros y, por lo tanto, generar un efecto dominó para que las medicinas eficaces en las que confía la gente sean accesibles, estén disponibles y salven muchas vidas.
Me gustaría colaborar con empresas privadas o particulares que puedan invertir en esta investigación y tengan la paciencia necesaria para obtener un buen retorno de la inversión a su debido tiempo, además de la satisfacción personal de haber contribuido a reducir la lacra del cáncer. Si dispongo de tan solo un pequeño porcentaje de la inversión destinada a tecnología, haré más, muchísimo más.
Por último, si pudieras compartir un mensaje clave sobre la prevención y el tratamiento del cáncer de mama con las mujeres, ¿cuál sería?
El cáncer de mama se puede prevenir. Lleve una dieta equilibrada, especialmente rica en frutas y verduras. Esfuércese por comer de forma saludable y manténgase activa realizando ejercicios en casa.
Seré más específica. Incorpore verduras en todas las comidas o, al menos, una vez al día.
Dedique 15 minutos al día a realizar algún tipo de ejercicio.
Muchas gracias por darme la oportunidad de hablar y compartir todo esto.
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