Madrid, 29 de noviembre. Nador es una ciudad costera del Rif, al nordeste de Marruecos, que acoge nuestra primera sede en África, el Faro de Nador. Lo inauguramos hace algo más de cuatro años y a través de proyectos educativos de fuerte impacto local hemos ido generando ilusión entre la población hasta convertirlo en un lugar de referencia para las mujeres y niñas de la región.
Sin duda la formación ha sido la base de nuestro trabajo hasta la fecha. Y con razón. El Instituto de Estadística de la UNESCO informó en octubre de 2019 que el índice de capital humano en Marruecos era de tan solo un 0,5. Esto significa que el país se ve privado de la mitad de su potencial humano debido a las deficiencias en educación y salud. Si hablamos de analfabetismo, las mujeres son las más vulnerables.
Según un estudio del HCP (Haut Commissariat au Plan) publicado este año, la tasa de alfabetización rondaba el 90% entre las mujeres de 15 a 24 años, descendía a un 56,4% entre las de 25 a 49 hasta caer a 23.5% entre las mayores de 50. Según ese mismo estudio, pese a una mejora clara en alfabetización de las más jóvenes, un 59% de las mujeres del país sigue sin tener un diploma. La asociación Femmes pour l’Afrique, nuestra “marca” en Marruecos trabaja desde el Faro en colaboración con las organizaciones e instituciones marroquíes y españolas para mejorar estas cifras.

Para el Ministerio de Educación marroquí la escolarización de las niñas es prioritaria y el programa “Segunda Oportunidad” es ejemplo de ello. Se trata de un proyecto para combatir el abandono escolar de niñas, adolescentes y jóvenes de entornos rurales en la región Oriental del país. El Faro complementa el trabajo del Ministerio a través del proyecto Avanz@, cuyo objetivo principal es acabar con la brecha digital de género y ofrecerles así nuevas oportunidades. En el aula de informática, equipada con más de 20 ordenadores, las XXX beneficiarias del programa estatal, de entre 13 y 20 años, reciben formación en TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) que las prepara para un mercado laboral en el que las habilidades digitales son esenciales. 434 estudiantes universitarias y 40 de Formación Profesional de la región también se benefician de este proyecto socioeducativo que incluye cursos de ofimática para crear, editar, compartir y trabajar de manera colaborativa.
“He aprendido a hacer una presentación en PowerPoint, a utilizar Excel, Word y también a tener seguridad en mí misma cuando me toca hablar en público. Ya no soy tan tímida en general”, asegura una estudiante de 13 años del programa Segunda Oportunidad. Otra estudiante de Formación Profesional recalca que se siente “más preparada para enfrentarse a una entrevista de trabajo ahora”. Y es que las habilidades técnicas son importantes, pero no lo son todo. Preparar a estas chicas para un mundo que no siempre va a ser amable con ellas es esencial. Es precisamente ahí donde entran en juego las habilidades blandas o soft skills.

Inteligencia emocional para enfrentarse a la vida
A través de 12 talleres, las formadoras trabajan con las beneficiarias de los proyectos conceptos como la conciencia de las emociones y cómo controlarlas, la gestión y resolución de conflictos o el liderazgo para su futuro profesional. Hanane Kaaboun tuvo la oportunidad de pasar por la universidad, formarse y decidir qué camino seguir. Empezó a colaborar en el Faro como tutora de un pequeño grupo de alumnas, pero cuando se le presentó la oportunidad de convertirse en formadora en soft skills, no dudó en ponerse manos a la obra para contribuir al empoderamiento de otras mujeres y niñas de su región.
Las soft skills o habilidades blandas siguen siendo un misterio para la mayoría. “El primer día no hacemos muchas cosas, porque no queremos presionarlas”, comenta Hanane al respecto. “Hacemos juegos, hablamos de cosas a las que se enfrentan en su día a día”. La metodología es eminentemente práctica y otorga a las beneficiarias el papel de protagonistas. Muchas de las adolescentes que estudian en nuestro centro abandonaron la escuela en algún momento y se encuentran en un proceso de readaptación complejo, las soft skills refuerzan su inteligencia emocional para que puedan navegar mejor este tipo de situaciones.
Durante la visita al Faro de la directora de la Fundación, Teresa Langle de Paz, el pasado mes de octubre, una estudiante de 13 años recitó una poesía dedicada a la mujer en árabe. No había miedo ni vergüenza. El Faro es en un lugar de encuentro, un espacio amable en el que las jóvenes pueden mostrarse tal y como son. Hace unos meses no se atrevía a leer en voz alta lo que escribía en su libreta y ahora recita mirando a los ojos a sus compañeras. “Verlas evolucionar me llena el corazón”, admite Hanane. Gracias a este curso las jóvenes van ganando confianza en sí mismas y generando redes de apoyo con las compañeras. Ya no están solas, esas redes las acompañarán de por vida.

Las primeras rederas de Marruecos
Según MAP (Agence Marocaine de Presse), el desempleo en la región oriental del país afecta mucho más a las mujeres, especialmente en zonas urbanas, donde la tasa de paro rozaba el 25% en 2021 —entre los hombres baja a un 17%— según la Dirección General Oriental del Alto Comisionado para la Planificación. Los resultados de la encuesta nacional de empleo de ese mismo año evidenciaron además que la tasa de actividad de las mujeres de la región está por detrás de la media nacional —un 15% frente a un 20,9%—y que las mujeres solo representan el 11,3% de la población ocupada. Nador está dando pasos importantes hacia un desarrollo territorial sostenible y resistente que promueva la competitividad de la zona Oriental. Un desarrollo del que las mujeres también deben ser protagonistas. El trabajo que se hace en el Faro pretende contribuir a ello. Esta semana 10 mujeres se han incorporado al puerto de Beni Enzar para realizar unas prácticas, las primeras en un sector que no ha contado nunca con ellas.
Todo comenzó con el proyecto “Conectando Mares” que contó con la visita del buque escuela de cooperación española Intermares a Nador. 5 semanas de formación pesquera tanto teórica como práctica en la que participaron más de 2000 mujeres de la región y una treintena de instituciones marroquíes. Tras semejante éxito, seguimos trabajando con ellas y con el Ministerio de Agricultura, Pesca Marítima, Desarrollo Rural y Agua y Bosques para que esas mujeres se integrarán el sector pesquero. Uno de los proyectos que surgieron fue precisamente el de formación para el empleo en reparación de redes. Un curso de 8 semanas que se impartió a 10 mujeres y que les garantiza un puesto de trabajo en los puertos de la provincia gracias el apoyo de la Cámara de Pesca Marítima del Mediterráneo de Tánger y Nador y la Delegación de Pesca Marítima de la región.
La formación tuvo lugar en el Centro de Cualificación Profesional Marítima de Nador, que contó por primera vez con mujeres entre su alumnado. Ahora les toca perfeccionar su técnica durante unas prácticas de alrededor dos meses. Formar una cooperativa, la primera de la zona en este ámbito, será sin duda el siguiente paso. Adoptar un modelo socioeconómico solidario, justo y equitativo les ayudará a alcanzar un mejor posicionamiento en la sociedad y en la relación con sus familias.

Las algas: una delicatessen a pie de mar
Durante uno de los muchos talleres que se llevaron a cabo durante el proyecto “Conectando Mares”, las mujeres aprendieron a distinguir las algas que se comen de las que no, y así descubrieron que, a solo unos metros de sus casas, muchas de ellas tenían una auténtica delicatessen.
Las mujeres de la Bocana, un istmo natural de unos 13 km. de largo y tan solo 500 metros de ancho entre la laguna de Mar Chica y el Mediterráneo, se dedicaban a la pesca y al marisqueo sin saber que las algas que se enredaban entre sus piernas tenían valor. Ahora seleccionan una especie de alga muy cotizada en los restaurantes de fusión. El siguiente paso es convertirse en proveedoras de este superalimento, lo que les permitirá alcanzar la independencia económica. Y es que tal y como dijo nuestra presidenta, M.ª Teresa Fernández de la Vega, el acceso al conocimiento “les abre infinitos caminos que nunca pensaron que podrían tener”.
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