Entendemos por ciberacoso el daño que se hace de forma intencionada y repetida a través del entorno digital. Internet, teléfonos móvil y redes sociales son los canales por los que se propagan. Son amenazas, hostigamientos, humillaciones, coacciones o intimidaciones hasta el punto de que estos canales son los que hacen que este se prolongue normalmente durante largos periodos de tiempo.
Los acosadores, suelen ocultarse tras personalidades falsas, tienden a aprovecharse de las inseguridades o debilidades personales de la víctima para humillarla y causarle daños psicológicos. El ciberacoso suele consistir en el envío de mensajes amenazantes o en la publicación de fotografías o vídeos humillantes de la víctima en redes sociales. En ocasiones, incluso se crean páginas web sobre la víctima. Como a menudo vemos en los periódicos, el efecto del ciberacoso puede ser devastador y, en ocasiones, incluso mortal.
Las mujeres, junto a los menores, son las principales víctimas del ciberacoso. Según Amnistía Internacional una de cada cinco mujeres lo sufre en España. Otras 19% asegura haber experimentado acosos en Facebook Instagram o en otras redes.
El ciberacoso como vía de ejercer violencia de género es una forma de limitación de la libertad que genera dominación y relaciones desiguales entre hombres y mujeres que tienen o han tenido una relación afectiva. El ciberacoso para ejercer la violencia sobre la pareja o expareja supone una dominación sobre la víctima mediante estrategias humillantes que afectan a la privacidad e intimidad, además del daño que supone a su imagen pública.
Se ha convertido en una de las formas más peligrosas de acoso, pues no solo la red ofrece impunidad al acosador, sino que permite que se prolongue durante largos periodos de tiempo sin que la víctima se decida a pedir ayuda.
El uso de todas las posibilidades que ofrece internet, incluida la del anonimato, hace que el ciberacoso pueda darse con mayor frecuencia que el acoso tradicional y prácticamente en todos los ámbitos de la vida de la víctima: educativo (colegio, instituto y universidad), trabajo, actividad social o relaciones de pareja. Al desconocersa la identidad del acosador la simple denuncia ante la no suele es suficiente para abrir una investigación que permita identificarlo y llevarlo a los tribunales.
Puesto que el ciberacoso como violencia de género se produce generalmente sin que haya coincidencia física, la reiteración se convierte en la estrategia de invasión de la intimidad más utilizada por los acosadores. Por ejemplo, la insistencia en el envío de mensajes o las peticiones recurrentes para conseguir determinada conducta se convierte en la fórmula para acosar a la víctima.
Cualquier mujer puede ser víctima de estas agresiones, aunque resulta más probable en algunos casos: las diferencias de raza, origen, cultura, orientación sexual, aspecto físico, etc., incrementan la probabilidad de sufrir acoso por Internet.
La prevención pasa por minimizar los factores que lo favorecen, dar herramientas para gestionar los conflictos antes de que deriven en situaciones más graves y proporcionar mecanismos para pedir ayuda.
Ante cualquier ápice de acoso, violencia, chantajes o insultos, entre otros actos, siempre se recomienda denunciar los actos para evitar la impunidad del acosador y que vuelva a repetir esos actos con otras personas.
(Este trabajo es elaborado por Bárbara Marques, Blanca Sell y Anaïs Sánchez de Lucas, estudiantes y voluntarias en la FMxA)
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