La violencia mediática es una de las formas de expresión del machismo. Utiliza símbolos y códigos periodísticos para reforzar y reproducir la discriminación. La propagación masiva de estereotipos naturaliza una imagen que limita y reduce el papel de la mujer en la sociedad.
Esta modalidad forma parte de las prácticas de violencia simbólica, que se caracteriza por un control que no utiliza la fuerza física y que tiene la complicidad entre los que la sufren y los que la practican, sin que los que participan en ella sean conscientes de ello.
Ejemplos de prácticas de violencia mediática son la publicación o difusión de imágenes estereotipadas realizadas por cualquier medio masivo de información, que, de manera directa o no, promuevan la explotación de las mujeres y sus imágenes. Son mensajes que violan la dignidad a través de la difamación, el insulto y la discriminación. También utilizan a mujeres y adolescentes en mensajes pornográficos que legitiman la desigualdad y fortalecen los patrones socioculturales de reproducción de la violencia machista.
Es común en los medios de comunicación que las mujeres estén representadas sólo en los espacios domésticos o con un fuerte atractivo sexual, mientras que los hombres ocupan espacios sociales y no se expone su físico de forma masiva. La forma en que se denuncia un acto de violencia contra la mujer también puede destacarse como un ejemplo de violencia mediática, ya que es común ver declaraciones que atribuyen a las mujeres la responsabilidad indirecta de la violencia sufrida.
En algunos países, como Argentina, existen leyes específicas para frenar la violencia mediática. En los países africanos, las investigaciones muestran una reproducción de los patrones europeos de representación femenina, aunque esta representación está lejos de su papel real en la sociedad.
Para frenar este tipo de violencia es necesario hacer una mirada crítica a los discursos adoptados por los medios de comunicación y una mayor presencia de las mujeres en los lugares donde se producen los contenidos mediáticos. Junto con una legislación reguladora específica que pueda controlar y sancionar este tipo de prácticas opresivas.
(Este trabajo es elaborado por Bárbara Marques, Blanca Sell y Anaïs Sánchez de Lucas, estudiantes y voluntarias en la FMxA)
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