31 de julio, 2026 –
Queridas hermanas mediadoras:
En este día en que el mundo celebra a la Mujer Africana, quiero aprovechar para celebrar a la Mujer Africana Mediadora por la Paz.
Al tiempo que rindo homenaje a vuestro valor y a vuestro compromiso, sois vosotras quienes, a pesar de las amenazas, la guerra, el hambre, la inseguridad, la precariedad de la vida, el cansancio y los sacrificios, elegís manteneros en pie para proteger la vida y el futuro.
Vuestra fuerza no reside en las armas, sino en la palabra, en la escucha, en el diálogo, en la maternidad, en la protección, en el amor, en un corazón de madre, de hermana, de hija y de esposa, en la capacidad de transformar las lágrimas en esperanza. Vuestro sentido del sacrificio merece ser contado: ofrecéis vuestras noches, vuestros días y vuestras ambiciones personales para que otros puedan vivir en paz. Sois las heroínas invisibles que conducen a África hacia un horizonte de reconciliación.
Y si nuestras comunidades siguen hoy en pie, es gracias a vuestros sacrificios, a veces supremos. Es gracias a ese precio pagado, a menudo sin haberlo elegido, con vuestra sangre y con vuestras vidas.
Hoy, esa misma África que se negaba a reconocer la grandeza y el lugar de sus hijas comprende por fin que, sin ellas, permanece perdida, impotente y sin referentes ni fuerza frente a los retos y desafíos contemporáneos.
Queridas hermanas:
Nuestras madres y nuestras abuelas desempeñaron un papel fundamental en el proceso de emancipación de la mujer. Su legado nunca debe verse menoscabado en nuestras manos. Su memoria es una semilla de paz: nos obliga a continuar la lucha, a no ceder nunca al desánimo y a creer que, juntas, podemos cambiar el destino de nuestros pueblos.
Levantémonos y recordemos esto:
La mediación no es una aventura individual ni un asunto privado.
Es y sigue siendo una lucha colectiva, una labor que solo puede realizarse y hacerse realidad mediante la fuerza conjunta de todas.
Una sola mujer no puede lograrlo, por muchos medios de que disponga; pero juntas, unidas por la solidaridad, la sororidad y el sacrificio, podemos construir una paz duradera.
Ser mediadora no consiste únicamente en querer ostentar ese título. Significa saber sacrificar las propias ambiciones personales, dejar de lado el egoísmo y nuestras diferencias; significa ser capaz de ofrecer nuestro tiempo y nuestra energía por una causa común y, después, aceptar entregar una parte de nosotras mismas para que la paz sea posible.
La mediación exige de nosotras un sacrificio silencioso: el del orgullo, el de la gloria individual, para abrazar una causa colectiva. Exige saber entregarse, estar disponibles, cargar con el dolor de los demás como si fuera el nuestro y transformar ese dolor en caminos de reconciliación.
No se convierte en mediadora quien lo desea, sino quien está dispuesta a sacrificar una parte de su comodidad, de sus ambiciones y de su orgullo para construir la paz. Es en esa entrega donde reside la grandeza de nuestra misión.
Pero recordemos también:
El silencio que nos caracteriza constituye una forma de complicidad frente a las desgracias que golpean nuestra región. Permanecer calladas es permitir que las injusticias se arraiguen. Sean cuales sean nuestros medios o nuestras capacidades, tenemos el deber de utilizar los recursos de que disponemos: nuestra voz para denunciar, nuestra presencia en los espacios de intercambio, nuestro tiempo para aceptar aprender y nuestra disponibilidad para participar en acciones voluntarias. Porque cada gesto, por modesto que sea, es una piedra colocada en el camino hacia la paz.
Hoy os llamo a reactivar nuestro compromiso, a reavivar esa llama de solidaridad y de sacrificio. Juntas, dejando de lado nuestros intereses personales y privados, podemos construir una cohesión que trascienda nuestras diferencias, una África en la que la mujer mediadora sea el pilar de la esperanza. Podemos hacerlo y debemos hacerlo por el futuro de nuestros hijos.
Queridas hermanas:
Que este Día Internacional de la Mujer Africana nos recuerde que nuestra fuerza reside en nuestra unidad; nuestro valor, en nuestro sacrificio; y nuestra victoria, en nuestra capacidad de trabajar juntas, en plural.
Con fe y con amor por nuestros pueblos, sigamos escribiendo esta historia en la que las mujeres mediadoras son las heroínas silenciosas de la paz.
Rindo homenaje a todas esas mujeres que construyen puentes para la paz y la convivencia pacífica de las comunidades en toda África.
Rindo homenaje a todas esas mujeres que han perdido la vida en nombre de la paz.
Rindo homenaje a todos esos hombres comprometidos con la paz y la justicia, al lado de las mujeres.
Caddy ADZUBA
Coordinadora General de la CFAMP (Coalición de Mujeres Africanas Mediadoras por la Paz).
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