Rashidatu Kamara. Sierra Leona


15/04/2020

La Dra. Rashidatu es licenciada en Medicina y Cirugía y tiene un Máster en enfermedades tropicales contagiosas. Ahora está realizando  un programa doctoral en epidemiología y salud pública, apoyada por la Universidad Rey Juan Carlos con una beca del programa Learn Africa.

El brote de COVID-19: Su efecto en las mujeres de Sierra Leona

Rashidatu Kamara Sierra LeonaDespués de una guerra civil, a finales de los 90, que duró diez años, de un brote de Ebola en 2014 en la cuenca del río Mano de la región de África Occidental, después de haber sido epicentro de grandes desprendimientos de barro y de tremendas inundaciones; ahora, Sierra Leona, un pequeño país, vuele a ser centro de atención con la llegada de la enfermedad coronavirus (COVID-19).  Y la triste realidad de las crisis es que las mujeres y los niños son los más afectados por el sufrimiento.

Con poco más de la mitad de los 7,5 millones de habitantes del país que son mujeres (51,1%), Sierra Leona registró su primer caso de COVID-19 a finales de marzo (hasta ahora se han registrado 10 casos). Cuando el país acaba de levantar el periodo de confinamiento de 72 horas impuesto para reducir la transmisión de la enfermedad, el gobierno anunció un cierre parcial adicional de 14 días y un toque de queda como algunas de sus medidas de prevención. Sin embargo, se especula con la posibilidad de que se decrete un cierre completo si siguen produciéndose nuevos contagios.

 

Sierra Leona ha vivido otros confinamientos

Para la mayoría de los sierraleoneses, los confinamientos ya no son un fenómeno extraño. Cuando en 2014 el brote de la enfermedad del Ébola hacía estragos en el país, las autoridades declararon el estado de emergencia y se aplicó un confinamiento. Durante el intervalo militar de 1997, que presenció el derrocamiento de la administración civil del difunto expresidente Ahmed Tejan Kabbah, la entonces junta militar aplicó varias órdenes draconianas de toque de queda, caracterizadas por la pérdida de innumerables vidas humanas, ya fuera por hambre e inanición o por la violencia con armas de fuego perpetrada por los agentes de la Junta.

Reflexionando sobre esos días horribles, una se pregunta cómo las mujeres, que en su mayoría son el sostén de muchos hogares, además de ser las encargadas de cuidarlos, eran capaces de mantener a sus familias en una sociedad en la que los medios de vida se ganan día a día. La mayoría se dedica al pequeño comercio y usan las ganancias de las ventas diarias para sostener a sus familias.

Todavía puedo recordar, durante esos días de la junta en 1997/98, imágenes y situaciones desgarradoras. Mujeres embarazadas y madres que morían durante el parto, abortos espontáneos y/o viendo a sus hijos morir innecesariamente de enfermedades evitables y tratables si hubieran tenido acceso a los servicios de atención de la salud.

Los que se atrevieron a quebrantar el toque de queda para ir en busca de comida, fueron asesinados por los rebeldes o sufrieron graves y humillantes castigos a manos del personal militar. Las mujeres y las jóvenes que eran capturadas por los insurgentes fueron tratadas como esclavas u obligadas a asumir responsabilidades como esposas. En estas escalofriantes situaciones, cuando quedaban embarazadas y sus servicios ya no eran considerados útiles por sus secuestrados, eran mutiladas y asesinadas.

Las mujeres son resistentes

Resulta, también, desgarrador observar, en un artículo publicado por Wong, que Sierra Leona informó de unas 2.536 muertes con una mortalidad femenina del 63% durante el brote del Ébola de 2014. Los estudios revelaron que hubo casos en los que las mujeres y los niños no murieron directamente a causa del virus, sino por falta de atención sanitaria. Jones y otros en su publicación «Women and babies are dying but not of Ebola» (Las mujeres y los bebés mueren, pero no por el Ébola) informaron de una disminución del 18% en las visitas de atención prenatal, del 23% en las visitas de atención postnatal y del 11% en el acceso de las mujeres a los centros de salud para dar a luz, con el consiguiente aumento del 34% en la mortalidad materna y del 24% en los bebés.

Las mujeres de Sierra Leona no son ajenas a los tiempos difíciles. Son muy resistentes, y siempre han salido adelante, cuando el mundo les daba la espalda. Escuchen las historias de algunas con las que hablé en los encierros:

 

Respuesta 1: Entiendo que quedarnos en casa nos ayudará a reducir la enfermedad, pero ¿cómo vamos a alimentar a nuestras familias? No tenemos ahorros en el banco. Voy a vender mis verduras diariamente y, por la noche, compro alimentos y vuelvo a casa para preparar la comida del día para mi familia. Sería difícil sobrevivir, y no sabemos cuánto tiempo va a durar esto.

Respuesta 2: Trabajo como enfermera en el hospital Ola During Children’s y vemos a diario a niños con enfermedades similares a la gripe. Ahora, tengo miedo de ir a trabajar porque no sé quién de esos niños está infectado con COVID 19. No estamos adecuadamente preparados. No tenemos EPP.

Respuesta 3: Como banquera, se nos pidió que trabajáramos desde casa durante los tres días de encierro. Recibí hasta 50 llamadas al día de clientes que tenían dificultades en las transacciones. Si esto continuara, causaría un estrés inmenso y problemas a nuestros clientes.

Respuesta 4: No puedo creer que esto nos esté sucediendo de nuevo. ¡Dios! ¿Qué hemos hecho…? Perdí a mi primer y único hijo durante el Ébola, ¿cómo podemos volver a sufrir esta enfermedad?»

Respuesta 5: Es una situación difícil. En mi vida, he sido testigo de dos períodos de encierro: cuando tuvimos la guerra de los rebeldes y cuando la epidemia del Ébola, y no fueron buenos tiempos en absoluto. Sólo puedo imaginarme una nueva situación similar en este país.

Respuesta 6: Hermana, si mis hijos enfermaran, ¿a dónde los llevaría? Se dice que los médicos y las enfermeras no van a trabajar; moriremos. ¿Un nuevo Ebola otra vez?»

Respuesta 7: No hay trabajo, no hay escuela, los niños no pueden salir a jugar. Es difícil porque, aunque lo que hace el gobierno es para nuestra seguridad y protección, no sabemos cuánto tiempo durará.

De estas respuestas se desprende claramente que las mujeres se preparan para los días turbios que se avecinan con consecuencias nefastas. Ha habido historias no contadas sobre mujeres y niñas que sufren violencia doméstica, de prostitución, embarazo adolescente, embarazo no deseado y abandono escolar que empeoran aún más su situación en estos tiempos difíciles. En su artículo «Los cierres de Corona exponen a las jóvenes a riesgos no deseados en Sierra Leona», el autor Mohamed Stom Koroma escribió que los cierres e las secuelas podrían ser más devastadoras que el propio virus.

En otro artículo, el Dr. Abdul Jalloh, especialista en psiquiatría de Sierra Leona, subraya las consecuencias de revivir y volver a experimentar acontecimientos traumáticos. El artículo identificaba el pánico masivo, el estrés y la aprehensión como síntomas del Trastorno de Estrés Postraumático.

Aunque estos síntomas se experimentan en ambos sexos, la mayoría de las mujeres reaccionan gravemente cuando miran a sus hijos y se ven incapaces de proporcionarles comida y hacer frente a sus necesidades.

Implementar el confinamiento parece apropiado en estos tiempos difíciles. Sin embargo, pone de manifiesto los desafíos socioeconómicos y psicosociales en un país asolado por la pobreza en el que el ciudadano medio vive con 1 dólar al día en «condiciones normales».

Y para las mujeres atrapadas entre la espada y la pared, no es sorprendente que el lema que ahora se escucha en los programas de radio y en el mercado sea «el hambre nos matará antes que el Corona».

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