Stop Fístula - intervención de Mª Teresa Fernández de la Vega

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Stop Fístula - intervención de Mª Teresa Fernández de la Vega

Querida Presidenta,
Ministras,
Director,
Señoras y señores,
Hace cuatro años visité Monrovia por primera vez, y el motivo para hacerlo fueron las mujeres. Un encuentro internacional de mujeres convocadas por la Presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, y la Presidenta de Finlandia, Tarja Halonen, para poner en común experiencias, objetivos y reivindicaciones.
Recuerdo muy bien aquel encuentro, que celebramos en el estadio de la capital, con cientos de mujeres, sobre todo europeas y africanas, que clamamos juntas por nuestros derechos frente a la discriminación, por nuestra integridad física frente a la violencia, por nuestra contribución a la paz frente a los conflictos que han afligido a tantos países en un mundo regido sólo por hombres. ¿Qué mejor país que este para decirlo?

Hoy tengo la satisfacción de regresar, y una vez más la razón que nos trae aquí, el sujeto y el objeto de nuestra acción, son las mujeres.  Y de nuevo vamos a  reivindicar. Vamos a reivindicar derechos, atención, respeto, dignidad, justicia, igualdad, ciudadanía plena para las mujeres.

Porque hoy presentamos un proyecto que pretende erradicar una de las dolencias que, en África, atenta con mayor virulencia contra la salud, la dignidad, los derechos, el respeto y el futuro de las mujeres: la fístula obstétrica. 

Una dolencia que es sinónimo, no solo de sufrimiento, sino de aislamiento. No solo de enfermedad, sino de rechazo. Una dolencia que es fruto de la injusticia y que genera injusticia. Una dolencia que es, desgraciadamente, el ejemplo más gráfico de lo mucho que hay que hacer para mejorar la atención materno-infantil en el continente.

Y me siento honrada por encontrarme en este acto junto a dos ministras del gobierno de Liberia y con su Presidenta, compartiendo su compromiso con este objetivo, poniendo nuestras fuerzas, todas nuestras fuerzas cargadas de ilusión, a su servicio, al servicio de las mujeres de Liberia.

Pero, ¿por qué la fístula? Entre las muchas metas que queremos alcanzar, entre los muchos retos que queremos ganar las personas que estamos hoy en esta mesa, y por supuesto la ciudadanía, ¿por qué la fístula? Es una pregunta que me han hecho en España más de una vez desde que, hace poco más de un año, cuando nació la Fundación Mujeres por África, decidimos que combatir esta dolencia seria uno de nuestros objetivos prioritarios.

Entonces me di cuenta de que en realidad nadie sabía lo que era la fístula. Me di cuenta de que me preguntaban porque no sabían que en África hay más de dos millones de mujeres que la sufren. Porque no sabían que a esas mujeres lo que les ha pasado es, o que han sido víctimas de una violación o que han tratado de ser madres sin estar preparadas para ello o sin estar atendidas correctamente en su parto.

Y lo que tampoco sabían esas personas que me preguntaban es que, después, esas mujeres no solo quedan gravemente heridas, sino además condenadas a la soledad, al desprecio y al olvido.

Todo eso es la fístula, y por todo eso tenía que ser uno de nuestros primeros objetivos en materia de salud. Porque es una lacra que reúne y ejemplifica como ninguna otra la injusticia, la indefensión, la dominación, la discriminación y, algo muy importante, la invisibilidad que siempre hemos sufrido y que seguimos sufriendo las mujeres, todas las mujeres, también las mujeres africanas. A pesar de sus logros, sus importantísimos logros.

Esa invisibilidad, ese cultivo del olvido que no sólo nos ha excluido de la Historia sino que nos ha hurtado y aún nos hurta el pensamiento, el talento y la acción de tantas y tantas mujeres.

Y en este mundo globalizado en que hoy vivimos, que es un gran escenario por el que desfila a cada segundo el devenir del planeta, aquello que no se ve no existe. Y tiene que existir. Tiene que existir para que podamos corregir las deficiencias e impulsar los avances.

Por eso, la Fundación Mujeres por África ha hecho de la visibilización de las mujeres africanas uno de sus grandes objetivos. Porque estamos convencidas de que en ellas esta el futuro, porque sabemos que son ellas las que más impulsan el desarrollo, las que más emprenden, las que cada vez en mayor numero lideran la política y la sociedad, las que abriendo caminos de igualdad, mejoran no solo su vida, sino la de sus comunidades.

Y queremos contribuir a que la gente las vea como lo que son: las protagonistas, el auténtico motor del progreso del continente, para que vean lo que hacen, lo que inventan y reinventan para seguir adelante, lo que consiguen con su esfuerzo, con su energía, y también para que todo el mundo entienda y comparta por qué, para contribuir al desarrollo de África, hay que apoyarlas y acompañar su avance.

Un día serán las economistas africanas, con las que vamos a formar un grupo asesor del nuevo centro creado por la Universidad de Princeton en Benin, la African School of Economics, de cuyo Consejo tengo el privilegio de formar parte, para irradiar conocimiento sobre esa contribución de las mujeres al desarrollo.

Otro día, las enfermeras, profesoras y líderes sociales de Ghana, que van a formarse en su universidad y en la Universidad de Nueva York, para dar un paso adelante en sus carreras y poner sus saberes al servicio de la sociedad ghanesa.

Otro día, las directoras, guionistas, productoras africanas de cine, con las que estamos trabajando en nuestro proyecto audiovisual para que desde ese poderoso medio se vaya transformando la imagen de las mujeres y del papel que desempeñan en sus sociedades.

Otro día las africanas que escriben, más de mil se reunirán dentro de unas semanas en Accra, en un encuentro en el que estará Mujeres por África, impulsando el español en el continente.

Y otro las campesinas de Gambia, a las que queremos apoyar para que, en un momento en el que las compras masivas de tierras en el continente amenazan la economía de la gente, que les arrebatan los recursos que les permiten vivir y prosperar, puedan ser titulares de sus huertos y trabajarlos.

Pero esta tarde, las protagonistas, las mujeres a las que queremos que se vea, nos hablan de la otra cara de la moneda. Son mujeres que están entre las menos favorecidas, entre las que más sufren los efectos de la desigualdad, entre aquellas de las que nunca se habla.

Esta tarde estamos aquí, en Monrovia, para visibilizar a las mujeres que sufren la fístula. Para decirles que estamos con ellas, que queremos ayudarlas a rehacer sus cuerpos y sus vidas. Y contamos para ello con  unos magníficos aliados a los que no quiero dejar de dar las gracias. En primer lugar, el hospital Saint Joseph, que nos ha abierto las puertas para poder crear nuestra unidad de fístula. Muchas gracias, padre Patrick.

Una unidad hoy provisional, pero que muy pronto contara con un edificio propio, singular, en este recinto del hospital Saint Joseph. Y quiero expresar públicamente mi agradecimiento a la arquitecta española que la está proyectando y que justamente ha querido venir a Monrovia y estar hoy con nosotros, Mila Plaza.

Del mismo modo que quiero agradecer expresamente su compromiso con este proyecto a la patrona de la Fundación Esther Alcocer, Presidenta de la empresa Fomento de Construcciones y Contratas, que construirá la Unidad.

Pero, sobre todo, quiero dar las gracias por su esfuerzo, su generosidad, su compromiso y su buen hacer a los cuatro cirujanos que han iniciado el proyecto Stop Fístula. Cuatro médicos de gran prestigio que no han dudado en dejar sus muchas ocupaciones en España para venir a Monrovia, haciendo posible que hoy haya 16 mujeres que ya no sufren esta dolencia. Por favor un aplauso para José Manuel Devesa, Manuel Albi, Beatriz Albi y Javier Salmeán, director médico del proyecto.

Muchísimas gracias a todos.

Yo sabía que podíamos contar con vosotros, como hemos contado desde el momento en que empezamos a pensar en el proyecto Stop Fistula, con vuestro sabio consejo.

Pero, en este capitulo de agradecimientos, no quiero olvidarme de una persona que hoy no ha podido acompañarnos personalmente, pero que está muy presente aquí y en muchas calles y lugares de Monrovia. Un deportista fuera de serie y un hombre comprometido y solidario que, además de ser patrono embajador de la Fundación Mujeres por África, ha querido poner su popularidad y su prestigio al servicio de las mujeres de Liberia, el gran Xabi Alonso. Estoy segura de que su llamada a las que sufren la enfermedad y también a las jóvenes que van a dar a luz por primera vez va a ayudar a curar y a prevenir muchas fístulas.

Hemos contado con muchas alianzas, sí. Y es que hemos tenido algo muy claro desde el principio. Hemos tenido muy claro que contra la fístula no solo hay que actuar, sino que hay que actuar con la gente, que hay que convertir en activistas contra la fístula a miles, a millones de mujeres y de hombres en Liberia, en toda África, en el mundo entero. Porque sólo así se cambian las cosas.

Por eso estamos también trabajando con las matronas, con las parteras, con las mujeres que tradicionalmente atienden a los alumbramientos en los hogares, para que contribuyan a detectar cuando un parto no va bien y necesita asistencia hospitalaria, y se conviertan en vigilantes activas y comprometidas del muro que queremos levantar entre todos contra la fístula.

Porque, no hay duda, son y serán las propias mujeres liberianas las que con vuestro tesón, con vuestro esfuerzo, energía y fuerza inagotable vais a solucionar los problemas. Y nosotros estamos aquí para caminar con vosotras y acompañaros en este viaje.

Y no puedo ni quiero ocultar la satisfacción que me produce poder hacerlo de la mano de un gobierno que, además de contar con mujeres ministras como las que hoy nos acompañan, preside una mujer. Y no cualquier mujer, sino Ellen Johnson-Sirleaf, la que ha sido la primera en presidir un estado africano, la que ha devuelto la estabilidad a un país asolado por la guerra,  la que ha sido distinguida con un merecido premio Nobel de la Paz. Una mujer con la que tenemos el enorme privilegio de contar como consejera de la Fundación Mujeres por África.

Amigas y amigos,

Hace apenas un año que la Fundación inició su andadura en favor del desarrollo del continente, un desarrollo que no se concibe sin la aportación decisiva de las africanas. En Europa, en Estados unidos, en las regiones que hasta ahora, no se si por mucho tiempo, han liderado el planeta, se ha despilfarrado demasiado el capital, el tesoro de las mujeres.

Eso ha contribuido sin duda al desmoronamiento de un modelo de sociedad que hizo de lo masculino un valor preponderante y de lo femenino un valor subordinado. Un modelo que no aprendió a tiempo que sin igualdad no hay progreso, no hay avance; que la igualdad es un elemento constitutivo de democracia.
Son muchas las mujeres que se han quedado en el camino, muchísimo el talento desperdiciado. Y otras que son autenticas heroínas por haber conseguido alcanzar sus objetivos en condiciones tan adversas.

En África las mujeres podéis y debéis estar en la vanguardia del desarrollo y del progreso. Disponiendo en igualdad de los recursos y de los derechos, estudiando, educándoos, formándoos, y decidiendo vuestras vidas en condiciones de justicia y dignidad.
Por suerte, eso es lo que nos une a todas las mujeres del mundo, esos valores universales que ni religión ni tradición ni cultura alguna  pueden conculcar, porque forman parte del bagaje intrínseco de la humanidad.

Y eso es también lo que nos une a las españolas y a las liberianas. Nos queda a todas un largo camino por recorrer. Y estoy segura de que vosotras, que cada día nos ofrecéis un ejemplo de superación, vais a dar el siguiente paso sin estaciones intermedias, situándoos a la cabeza del desarrollo verdaderamente humano que tanto nos está costando alcanzar en las regiones que se suponía éramos el dechado del progreso.

Una vez leí en una entrevista a la gran escritora ghanesa Ama Ata Aidoo, que sus primeras lecciones de feminismo las recibió de las mujeres que la rodeaban, de las mujeres africanas. La creí y además he podido comprobar por mi misma que es verdad, que en África, las mujeres dan lecciones de dignidad, de conciencia, de compromiso, de lucha por la libertad y la igualdad. Y todo eso es sin duda una gran lección de feminismo.

La Fundación Mujeres por África y yo misma hemos venido a Liberia a aprender esa gran lección, a aprender de y con las mujeres liberianas, a recorrer de vuestra mano el camino que todavía nos queda, y nos queda a todas en todos los continentes, para alcanzar el pleno estatuto de ciudadanía, la plena igualdad de derechos y oportunidades.

Es cierto que nosotras lo queremos y nos esforzamos por ello, pero no es menos cierto que el mundo lo necesita, porque ya no puede permitirse por más tiempo prescindir del talento, de la capacidad, de la energía de la mitad de la población.

Liberia es un gran ejemplo de lo que se consigue cuando las mujeres obtienen la voz y la palabra, cuando las mujeres lideran, cuando las mujeres empiezan a contar y a aportar. Las demás mujeres del mundo, y por supuesto la Fundación Mujeres por África, vamos a estar ahí, con vosotras, apoyándoos ante problemas que, como el que hoy nos trae aquí, tienen solución, y aprendiendo de vosotras, de vuestra fuerza, de vuestro talento, las claves de un nuevo mundo que tenemos que construir entre todos y entre todas. Porque, como siempre digo, el futuro, o será con las mujeres, o no será para bien.
Muchas gracias.

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