Margarita Salas, la mejor

Hoy es un día de luto para la ciencia, un día de luto para las mujeres y también para todos aquellos que sienten como propios los problemas y las injusticias de este mundo. La muerte de Margarita Salas nos ha dejado huérfanos.

Huérfanos de su sabiduría y brillantez como investigadora. Su patente del método de la ADN polimerasa phi29 sigue siendo la más rentable que haya presentado nunca el CSIC.

Huérfanos de su generosidad como científica, siempre animando y ejerciendo como mentora de nuevos investigadores.

Huérfanos de su compromiso inquebrantable con todo lo bueno, con todo lo bello a lo que pudiera contribuir.

Porque más allá de su magnífica carrera como investigadora y formadora de nuevos científicos, Margarita Salas fue una extraordinaria persona. Muchos podemos dar fe de su profundo sentido de la solidaridad y su permanente apoyo a las buenas causas. Prueba de ello es el soporte que siempre encontré en ella como componente del Consejo Asesor de la Fundación Mujeres por África, en la que compartimos el respeto, la admiración y el deseo de acompañar a las mujeres de ese continente en su esfuerzo por impulsar el desarrollo y el progreso para todos.

Margarita Salas es uno de los grandes referentes para la sociedad española y en especial para sus mujeres. Mujeres que desde hace muchos años hemos encontrado en su figura un ejemplo de liderazgo, autonomía y excelencia profesional en un ámbito tradicionalmente reservado a los hombres. Somos muchas las mujeres españolas que nos hemos mirado y seguiremos mirándonos en su espejo.

Recuerdo unas palabras suyas en un acto al que las dos asistíamos hace algún tiempo. En él le preguntaron si se había sentido discriminada. Margarita dijo algo que se me quedó grabado. Sin ningún tipo de queja o de rencor, afirmó que de joven se había sentido discriminada por ser mujer en un mundo tan de hombres como el científico y que ahora se sentía discriminada por ser mujer… y mayor.

Sí, así son las cosas en el mundo y en un país en el que a Margarita Salas, pese a su prestigio mundial, pese a la rentabilidad científica y económica de su trabajo, pese a su entrega a la ciencia y a los jóvenes científicos, pese a las reiteradas ocasiones en que se presentó su candidatura, nunca se le otorgó el premio Príncipe, o Princesa, de Asturias.

Es verdad que no lo necesitaba para ser la mejor. Fue la mejor.

Hoy, junto a la enorme pena que me ha producido la noticia de su muerte, siento el inmenso orgullo, el privilegio de haber contado con su amistad. Hasta siempre, querida amiga.  Te rendimos homenaje desde África y desde la Fundación Mujeres por África.

María Teresa Fernández de la Vega

Amigos de la fundación