Orgullo africano


Desde que se instituyó el Día de África el 25 de mayo de 1963, esta jornada no se había celebrado en condiciones tan extraordinarias. La pandemia de covid-19 se ha adueñado de nuestras vidas en todo el mundo, también en el gran continente vecino, y cientos de millones de personas experimentan estos días lo más parecido a una catástrofe de dimensiones globales que se ha producido en décadas.  

Nos sentimos vulnerables con razón. Los países del norte, los ricos, los poderosos, con nuestras fronteras siempre cerradas a cal y canto, defendiendo de otros más pobres nuestros logros, que ahora comprobamos a cuántos han dejado en la cuneta o al borde de ella, hemos visto que nuestros sistemas tenían, tienen, los pies de barro. Considerando, claro, que los sistemas están para asegurar la vida de los ciudadanos y no al revés.

Desde el principio todo el mundo se preguntó: si a nosotros, los más ricos, nos pasa esto, ¿qué puede ocurrir en África? Hubo, y aún hay, previsiones apocalípticas. Pero lo cierto es que en África la pandemia está contenida.  

A nosotras no nos sorprende. Conocemos a las africanas y sabemos de lo que son capaces. Decidimos que queríamos preguntarles, que queríamos escucharlas. Porque las mujeres africanas son el motor de su continente y escucharlas y trabajar con ellas es garantía de acertar en la solución de sus problemas y los de sus comunidades. Porque la escucha es el respeto y el conocimiento  

Nos dicen que para las mujeres el confinamiento es más difícil. Nos dicen que a veces protegerse del virus es casi incompatible con buscarse la vida día a día, lo que incontables mujeres hacen en los mercados de toda África para proveer sus casas. 

Nos dicen que comunicarse o estudiar o trabajar desde casa se pone complicado cuando no se dispone de conexión y conocimiento de las nuevas tecnologías. 

Nos dicen que sufren en sus casas la violencia aumentada de los maltratadores en el confinamiento. 

No obstante, también nos dicen, mayoritariamente, que sus gobiernos han reaccionado rápido, que hay grupos de mujeres fabricando mascarillas, que están solicitando y consiguiendo formar parte de comités de respuesta a la pandemia.

Nos dicen que en esta pandemia están siendo lo que siempre han sido, agentes de vida y salud -también en África las mujeres constituyen el grueso, 70%, del personal sanitario- y no, como siempre ha sucedido en las crisis, sus mayores víctimas. 

Pero seguramente, lo que está más presente en sus testimonios, lo más impactante, lo que las reconforta y reconforta al continente entero, y nos lo decía hace sólo unos días Aminata Toure, la ex primera ministra de Senegal, es la enorme autoconfianza que África y sus mujeres están adquiriendo en esta pandemia. Porque a pesar del confinamiento, a pesar del cierre de fronteras, a pesar de todas las dificultades, África resiste, África aguanta, y está dando una lección de resiliencia al mundo entero de la que es muy consciente.

Cómo subrayaba nuestra amiga y asesora tanzana Gertrude Mongella, las mujeres africanas son supervivientes. Y porque lo son África ha salido adelante. Mujeres por África está y estará a su lado, con ellas, compartiendo ese orgullo africano que un 25 de mayo de 1963 tomó la forma del Día de África que hoy conmemoramos.

 Hoy más que nunca África tiene nombre de mujer.

María Teresa Fernández de la Vega

 

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