La revolución de la no violencia


Ojalá no existiera el 25 N. Ojalá no existiera el día Internacional contra la violencia de género. Sería la señal más clara de que ya no es necesario proteger a las mujeres de la patología que tantas vidas nos está costando.

Pero lo cierto es que aquí estamos. La realidad es tozuda, por mucho que algunos pretendan negar lo evidente, hoy nos faltan 38 mujeres que el año pasado estaban vivas.

Este día es de ellas. De ellas y de todas cuantas han sido maltratadas, vejadas, asediadas y asesinadas por ser mujeres. Cada una de esas muertes es, tiene que ser, un acicate más para seguir trabajando y pensando cómo parar de una vez esta pesadilla.

En este día, 25 de noviembre, no estar juntas, no mostrar un frente común ante esa brutal amenaza, sería faltar al respeto a las víctimas. Hoy todas las mujeres, no sólo nosotras las españolas, sino todas las mujeres del mundo tenemos un mismo y único punto en nuestra agenda: clamar contra la violencia de género, alzar la voz en defensa de todas las mujeres que han sufrido en sus cuerpos y en sus almas el zarpazo del maltrato, del abuso, de la humillación. Y en prevención de que nuestras niñas lo sigan sufriendo en un ciclo que parece no tener fin.

Y tiene que tenerlo. Hoy que tanto hablamos de sostenibilidad económica, de sostenibilidad medioambiental, o energética, debemos ser conscientes de que la violencia que se ejerce contra las mujeres es la mayor amenaza contra la sostenibilidad social y democrática de nuestro tiempo, un cáncer que está corroyendo nuestras sociedades, nuestra convivencia.

Por eso tenemos que exigir que se defienda a las mujeres en todo el mundo y que perseguir la violencia contra las mujeres sea una prioridad global. Necesitamos una respuesta unánime y coordinada de la comunidad internacional. Sin más excusas, sin más tapujos, sin más tardanza.

No vale la resignación, hay mucho, muchísimo que hacer. Hay que llegar a ese “estado de paz” del que hablaba María Zambrano, alcanzar ese umbral entre toda la historia habida y una nueva historia. Una auténtica revolución que no se logrará -decía- hasta que la violencia no sea cancelada de las costumbres, hasta que la paz no sea una vocación, una pasión, una fe que inspire e ilumine.

Esa es la paz que perseguimos las mujeres, la paz por la que las feministas llevamos luchando tanto tiempo. La paz que, como escribió Albert Camus, es la única batalla que merece la pena librar.

María Teresa Fernández de la Vega

 

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