Con las mujeres africanas de los puertos

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Con las mujeres africanas de los puertos

1 de abril de 2014. María Teresa Fernández de la Vega ha participado hoy en las III Jornadas de la Mujer Portuaria y Marítima Africana, que se han celebrado en la sede de casa África de Las Palmas de Gran Canaria organizadas por el Puerto de esta ciudad en colaboración con la Red de Mujeres Profesionales Marítimas y Portuarias de África Central y Occidental.

La Presidenta de Mujeres por África ha dictado una conferencia sobre el carácter estratégico de los puertos para el desarrollo y el progreso del continente africano en un momento en que registra un gran crecimiento y ha destacado la importancia de que las mujeres tengan una presencia activa y con capacidad de decidir en esos modos de progreso.

Fernández de la Vega ha puesto en valor la especial contribución de las mujeres africanas al desarrollo de su continente, así como su capacidad para incorporarse cada vez con más fuerza a los puestos de mando de la política, la economía, la empresa y en general a las sociedades africanas. Este progresivo empoderamiento debe llegar también -ha insistido la presidenta de Mujeres por África-, al mundo de los puertos y el transporte marítimo, que hoy mueve el 80% del comercio mundial.

Además, Fernández de la Vega ha firmado un acuerdo marco a tres bandas con la Fundación Puerto de Las Palmas, que preside Luis Ibarra, y la Red de Mujeres Portuarias, que coordina la ghanesa Esther Gyebi-Donkor, por el que las tres entidades colaborarán en iniciativas de formación y capacitación para este colectivo de mujeres africanas.

 

INTERVENCIÓN ÍNTEGRA DE MARÍA TERESA FERNÁNDEZ DE LA VEGA EN LAS III JORNADAS DE LA MUJER PORTUARIA Y MARÍTIMA AFRICANA Y ESPAÑOLA

Querido anfitrión, director de Casa África

Querido Presidente del Puerto de Las Palmas

Queridas amigas de la red de mujeres portuarias de África Occidental y Central

Amigas y amigos

Muchas gracias, Presidente, muchas gracias querido Luis, muchas gracias a la Fundación Puerto de Las Palmas  por darme la oportunidad de regresar a esta querida tierra canaria. Os felicito por la iniciativa de este encuentro, el tercero que se realiza y que sin duda está siendo enormemente fructífero para todas y para todos, y os agradezco de corazón poder estar aquí con vosotros y participar en este encuentro de mujeres poderosas.

Poderosas porque desarrolláis vuestra actividad en uno de los sectores estratégicos para el crecimiento y el progreso del continente africano, y también de España, como son los puertos.

Pero poderosas además, y sobre todo, porque habéis entendido que el reconocimiento de derechos que comporta la igualdad no se otorga sino que se conquista y en ese proceso de conquista de derechos que llevamos recorriendo las mujeres desde hace siglos, nuestro valor mejor es el de ejercer y hacer valer, como lo estáis  ejerciendo y haciendo valer  vosotras las mujeres portuarias,  el que ha sido siempre el gran activo de las mujeres: la Asociación , la unidad, el trabajo conjunto, la puesta en común de aspiraciones y reivindicaciones. Porque sólo con la fuerza que nace de la unión,  y de la asociación, se  pueden cambiar y están cambiando muchas cosas.

Enhorabuena, mujeres africanas de los puertos, por haber sabido organizaros y trabajar juntas en favor de vuestros derechos, de vuestro avance, porque es bien sabido que cuando las mujeres avanzamos, avanzamos todos, las sociedades en su conjunto. Y esto, que es verdad en todo el mundo, todavía es más verdad en África. creo sinceramente que las mujeres de todo el mundo tenemos mucho que aprender de vuestra capacidad de  organización y asociación.

Enhorabuena por haber sabido ver, como tantas y tantas hermanas africanas, que éste es más que nunca el momento de dar el paso definitivo, para estar en la vanguardia del cambio global que está transformando nuestro mundo de un día para otro. Enhorabuena por haber visto con claridad que tenemos que ponernos, que tenemos que estar  en la primera línea, en la línea de posición de salida,  para que su resultado sea un mundo en igualdad.

Amigas y amigos,

Desde que los primeros navegantes, en busca de territorios o de mercancías, empezaron a surcar los mares, los puertos se convirtieron en fuente de prosperidad para sus ciudades. Ha sido a bordo de barcos como la humanidad se ha extendido por el mundo, ha conocido a sus vecinos, ha intercambiado sus bienes, ha compartido su cultura y ejercido su poder, en definitiva, así empezamos hace cinco mil años a globalizar nuestro planeta.

Una tarea a la que dieron un empujón fundamental los grandes navegantes de los siglos XV y XVI, que abrieron las rutas que todavía hoy se surcan día a día por miles de barcos. Tuvieron una enorme visión aquellos hombres y un inmenso valor para lanzarse al Atlántico sin saber muy bien qué podían encontrarse, pero también contribuyeron a su aventura los nuevos instrumentos de navegación, un gran avance tecnológico de la época, y algo muy importante: la necesidad. Tres elementos: modernización, tecnología y urgente necesidad que hoy confluyen en el resurgimiento de este sector.

Interrumpida la antigua ruta por el Mediterráneo y el mar Rojo a causa de la ofensiva turca, no quedaba más remedio que arriesgarse para localizar y crear otras nuevas. Así África y Europa comenzaron su historia juntas. También así América se unió al concierto mundial. Por mar y desde el mar.

Y en todos los continentes, aquellas ciudades que tenían la oportunidad de dar abrigo y servicio a la navegación, a los barcos llenos de personas, de productos, que traían todas las novedades y adelantos de un mundo cada vez más extenso, eran las más prósperas.  Ellas tenían la enorme oportunidad de abrir las puertas a todo lo que llegaba, y las que podían también convertirse en terminales desde las que enviar todo. Los puertos así concebidos se erigen en las puertas de las ciudades ribereñas marítimas y fluviales, como  un espacio de intercambio, de entradas y salidas de comercio, de negociación, pasando con el tiempo esas “puertas de la polis” de albergar el dominio de lo concreto, del trueque, la divisa a la realidad abstracta de los números, las matemáticas, la filosofía, la política.

Como recuerda el escritor Alejandro Maciel, en el Puerto Fenicio de Tiros se inventó el 0 y el sistema decimal y en otro puerto, el de Ugarit, se creó el primer alfabeto que permitía la escritura, facilitando, entre  otras cosas, el camino de la Historia y del Pensamiento.

Y es así como las ciudades más favorecidas por la naturaleza, la posición geográfica, los recursos y riquezas de la tierra o la capacidad y empuje de sus gentes, se convirtieron, impulsadas por sus puertos, en grandes nodos que irradiaron, no sólo comercio, sino también cultura, creación, tendencias, conocimientos, tecnologías...en definitiva, llegada de nuevas civilizaciones. Y también, es cierto, prácticas tan terribles y vergonzantes como las del tráfico de esclavos.

Y es que ayer como hoy, nunca en el ejercicio de la libertad de movimientos, de entrada y salida, todo lo que emerge es positivo, pero con una vigilancia adecuada, con un ejercicio ordenado, responsable  y controlado   de esa libertad de circulación, está claro que predomina mucho lo bueno sobre lo malo. Y por eso las grandes ciudades portuarias están entre las grandes ciudades del planeta.

Hay muchas cosas que han cambiado en el mundo, sobre todo en las últimas décadas, también en este ámbito, pero la supremacía del comercio por mar no lo ha hecho. Según datos de la UNCTAD, la agencia de Naciones Unidas para el comercio y el desarrollo, el pasado año ha supuesto el 80% del comercio mundial, con un aumento de más de un 4% sobre el anterior.

Es más, entre 2001 y 2011 se construyeron en el mundo más barcos que en ninguna otra etapa histórica desde que hay registros. Un ciclo que se ha cerrado dejándonos también los barcos más grandes jamás construidos.

Nos dan además algún dato un tanto preocupante: esos barcos están cada vez en menos manos. Hoy hay un 27% menos de compañías que en 2004. Tendremos que estar atentos, porque eso, más allá de  desembocar en un problema de competencia, es una manifestación más clara del modelo del neoliberalismo salvaje y la concentración de poder imperante que comporta unas consecuencias económico empresariales muy negativas para las medianas y pequeñas compañías, para el empleo y  la igualdad.

No obstante ello, el hecho es que los puertos siguen siendo esos grandes intercambiadores que generan crecimiento y progreso. Y para una región como la de África Occidental y Central, que está creciendo a tan buen ritmo, constituyen infraestructuras vitales. Por eso tendremos que hacer que ese crecimiento sea sostenible y sea progreso para todos.

La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) ha informado que la zona registró en 2013 una tasa de crecimiento del 6,3%. Una tasa superior en un 1,5% del conjunto de África durante el mismo periodo.

Y va a seguir creciendo, incluso más, hasta llegar al 7%, en 2014.

Con ello, la participación africana en el conjunto del comercio mundial será cada vez mayor. En 2012 se cargó en el continente el 9% del comercio mundial y se descargó el 4%. Según el Banco Africano de Desarrollo los 265 millones de toneladas que movieron los puertos africanos en 2009 se convertirán en 2 billones de toneladas en 2040.

Y los puertos africanos tienen que prepararse, se están ya preparando para ello.

Los puertos de Nigeria, de Lomé, Abidjan, de Cotonou, de Pointe Noire en Congo, de Takoradi en Ghana, están recibiendo inversiones para mejorar sus infraestructuras, convertirse en hubs regionales o en puertos más especializados.

Puertos en los se desarrollarán múltiples servicios y en los que intervendrán numerosos agentes y organismos diferentes: consignatarios, empresas estibadoras, autoridades portuarias, remolcadores, amarradores, aduanas, astilleros y talleres de reparación naval, aseguradoras, transitarios, cargadores, provisionistas, brokers, depósitos comerciales, etc.

Puertos cuya función excederá en mucho el proporcionar servicios al buque y a la carga. Aunque actuar como enlace entre el medio marítimo y el terrestre siga siendo su papel principal, los puertos tienden cada vez más a integrarse en las cadenas logísticas de producción, transporte y distribución y a convertirse en verdaderos centros de valor añadido.

No son ya un mero eslabón más de la cadena del transporte sino que conforman un entorno productivo y logístico idóneo para desarrollar actividades industriales, turísticas, de negocios, etc. que van mucho más allá del simple intercambio marítimo-terrestre.

Es una transformación que demanda servicios cada vez más rápidos y eficaces, tecnología cada vez más avanzada, junto con prácticas y normas de seguridad más exigentes. Una combinación que debe ir acompañada por las que son hoy los grandes desafíos de nuestro mundo, la sostenibilidad medioambiental y la transparencia.

Por eso, la UNCTAD tiene establecido que "un puerto eficiente requiere no sólo infraestructura, superestructura y equipamiento adecuado, sino también buenas comunicaciones y, especialmente, un equipo de gestión dedicado y cualificado y con mano de obra motivada y entrenada”.

La actividad portuaria contribuye a la independencia económica de las naciones y representa un factor estratégico en su comercio internacional. Los puertos contribuyen al desarrollo de los países, no sólo por el hecho de jugar un papel esencial en el tráfico exterior, sino porque también  actúan como promotores del crecimiento de las áreas en las que están emplazados, abren mercados, generan ingresos para las arcas del estado y crean empleo.

La buena gestión que un país haga de sus puertos puede ser estratégica para su desarrollo, convirtiéndolos en motores de crecimiento, pero también de seguridad, de promoción de solidaridad, de respeto a los derechos humanos, de mejora democrática, de lucha eficaz contra la delincuencia, el terrorismo, la piratería….

Ayer se firmó en esta misma casa el acuerdo por el que el Puerto de Las Palmas acoge una plataforma logística del Programa Mundial de Alimentos para África.  Enhorabuena, Luis, porque sabes que es un proyecto muy querido por mí, que constituye  un gran avance en la lucha contra el hambre.

Y aunque son muchos los retos y los frentes que hay que cubrir  con una adecuada ordenación, vigilancia, inspección y un personal comprometido con la defensa de la ley y la protección de la dignidad e integridad de las personas. En los puertos se puede avanzar y contribuir a la legalidad internacional luchando contra el tráfico de todas aquellas mercancías que no deberían llegar a según qué manos y por supuesto contra el tráfico de seres humanos, que es el que más ofende a todos nuestros valores y principios, y que además afecta sobre todo a las mujeres.

Por todo ello, queridas amigas, las mujeres tenemos que estar en los puertos, tenemos que trabajar en los puertos y aprovechar las oportunidades que en ellos se abren. Tenemos que estar y cubrir todos los espacios, también el de los puestos de mando y de toma de decisiones.

Ya sé, y vosotras mejor que yo, que no es fácil. Estoy segura de que las mujeres que hoy estáis aquí habréis tenido que hacer un esfuerzo por salir adelante en un ámbito, el de la economía, las infraestructuras, el comercio, que, como tantos, -incluso un poco más que en otros, porque es un ámbito de poder puro y duro-, ha estado tradicionalmente dirigido, ocupado y gestionado por los hombres, y en el que ya está acreditado -hemos tenido como siempre, que demostrarlo- las mujeres somos, no buenas, somos muy, muy buenas.

Pero es cierto también que quienes desarrolláis vuestra actividad en ámbitos tan vitales como el vuestro, el de los puertos, estáis llamadas a jugar un papel esencial en la tarea de defender nuestras conquistas. Conquistas que lo son de nuestras sociedades, porque la igualdad es buena para todos; conquistas que han ido y deben ir siempre unidas al avance de la democracia, de la justicia, del respeto y la dignidad de las personas.

Porque las mujeres podemos preciarnos de que el camino que hemos recorrido ha sido siempre un camino democrático, un camino que en su búsqueda de la igualdad ha incluido y recorrido siempre la ruta de los grandes valores y que se ha alineado con las grandes causas de la humanidad. Y así debe seguir siendo para que podamos enorgullecernos de ser portadoras y representantes del mejor desarrollo, de la paz y la resolución de conflictos, de la tolerancia.

Cada puerto es un centro de poder, un espacio cuyo mejor o peor funcionamiento incide directamente y tiene consecuencias en el progreso de las comunidades a las que sirve.

Más de trescientos millones de personas que viven en África Occidental y Central, miles de empresas, de actividades en todos los sectores pueden y deben encontrar nuevas oportunidades, un futuro más prometedor, si los 25 grandes puertos de la región encuentran y practican la mejor manera de dar respuesta a las necesidades de quienes operan en ellos.

Y en la construcción, definición de esa respuesta en los puertos y desde los puertos tenemos que estar las mujeres aportando nuestra capacidad, nuestra profesionalidad, nuestra responsabilidad, nuestra visión, nuestro talento, nuestro esfuerzo. Exigiendo el cumplimiento de la legalidad internacional. Ahí están los acuerdos suscritos por la OMAOC, Organización Marítima de Africa Occidental y Central) sobre cooperación y seguridad (2008 y 2013).

Y también están ahí esos valores que siempre nos han inspirado en nuestra lucha por la igualdad y que hoy pueden traducirse en la protección del medio ambiente, en la voluntad de servir al interés general, en el respeto a la vida y las libertades de las personas, en todo aquello que supone un valor añadido importantísimo a la gestión de un espacio tan importante como son los puertos. Paso a paso lo vamos a lograr, como lo estamos logrando en el resto de ámbitos y sectores de la vida en los que nunca estuvimos. Por supuesto que sí.

En estos años hemos asistido, y muy especialmente en África, a una fructífera proliferación de asociaciones, de grupos de mujeres que han luchado activamente por hacer oír su voz, por erradicar discriminaciones, por conquistar espacios de libertad y autonomía y, también, por alcanzar posiciones de poder, decisión y liderazgo en nuestras sociedades.

Y realmente el impacto de este movimiento es enorme, no sólo en África, sino en todo el mundo. Hoy, los esfuerzos y los logros de las mujeres africanas se reconocen y aplauden en todos los foros, en todas las organizaciones internacionales, que empiezan a tomar una clara conciencia del valor, del trabajo, del compromiso, de la enorme contribución de las mujeres a la mejora de la vida, no sólo suya, sino de todos. Habéis dado pasos de gigante.

A ello ha contribuido, sin duda, la presencia de mujeres africanas en puestos de responsabilidad hasta ahora reservados a los hombres. Ministras de finanzas, Presidentas de tribunales de justicia, mujeres ganadoras del premio Nobel, mujeres a la cabeza de bancos e instituciones financieras.

Hoy tenemos, sin ir más lejos, a toda una Presidenta de la Unión Africana, Encosazana Lamini Zuma. Y también, a una Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo Ngcuka, que ha recogido el testigo de nuestra querida Michelle Bachelet y estoy segura de que lo llevará muy lejos.

Es un éxito extraordinario, y merecido, de las mujeres africanas presidir la agencia de Naciones Unidas que nos representa a todas las mujeres del mundo y la Organización Política de integración más importante del continente (las europeas, por cierto, no hemos conseguido hasta ahora presidir la Unión Europea). Nunca…. Y tal vez, nos hubiera ido mejor.

Ha sido y es un avance importantísimo porque, claramente, para impulsar los derechos y oportunidades de las mujeres hay que estar donde se toman las decisiones, hay que estar al mando. Sí al mando, en la cabina de mando. Así se han conseguido modificar muchos sistemas legales, muchas regulaciones, erradicando discriminaciones e injusticias que impedían cualquier progreso en el camino hacia la igualdad.

Y así se han reafirmado todos esos valores y experiencias, todo el bagaje reunido durante tanto tiempo, que han hecho que las mujeres y el trabajo de las mujeres genere el valor más preciado y apreciado hoy en nuestro mundo global, la confianza.

Una confianza que sentimos en nosotras mismas y que generamos a nuestro alrededor. Una confianza que tenemos que hacer valer, que ya estamos haciendo valer, para estar, para contar, para participar, para intervenir, introduciendo así el equilibrio que toda comunidad necesita para ser realmente justa.

Y así debe ser también en un ámbito importante del espacio público con un interés esencial para la economía y el desarrollo de África, y muy especialmente de sus regiones Occidental y Central, como son los puertos.

Conozco vuestras reivindicaciones. Sé que es difícil para las mujeres alcanzar los puestos de dirección y responsabilidad. Lo es en África y lo es en España. El viejo régimen, ese sistema que durante tantos siglos ha hecho de lo masculino un valor preponderante y de lo femenino un valor subordinado, siempre encuentra el modo de interponer obstáculos, de ralentizar la marcha. No lo discute pero lo deshecha. Esa es su táctica.

Por eso, en España sólo tenemos a tres Presidentas de Puertos de las 28 autoridades portuarias con las que contamos, y sé que este es también un tema que ocupa y preocupa a la Red de mujeres africanas de los puertos. No es para menos. Romper ese techo de cristal que, efectivamente, no se ve a simple vista pero que oprime a tantas y tantas mujeres ha de ser una prioridad.

En Europa, en Estados Unidos, en las regiones que hasta ahora, no sé si por mucho tiempo, han liderado el planeta, se ha despilfarrado demasiado el capital, el tesoro de las mujeres. Son muchas las que se han quedado en el camino, muchísimo el talento desperdiciado. Y otras que son auténticas heroínas por haber conseguido alcanzar sus objetivos en condiciones tan adversas.

Debemos ser capaces de dejar atrás para siempre ese tiempo que ha roto tantas vidas y frustrado tantas expectativas. Hoy las mujeres  estamos preparadas para aspirar a todo aquello que nos propongamos y vamos a hacer todo el esfuerzo necesario para conseguirlo. Y en cambio no estamos dispuestas a esperar a que se nos concedan las oportunidades que nos corresponden por derecho. No, vamos a conquistarlas.

En regiones como África, donde se avanza con tanta fuerza hacia el pleno desarrollo, es especialmente importante que se remuevan los obstáculos que han entorpecido la vida, la carrera, las expectativas de las mujeres,  sólo por el hecho de ser mujeres, porque tienen muchísimo que aportar, porque están aportando mucho más del cincuenta por ciento.

Y lo que tenemos que hacer es visibilizar a esas mujeres, es sacarlas de la parte de atrás para ponerlas en la parte de delante, para que todo el mundo sepa lo que hacen, lo que cada día logran con su esfuerzo y energía.

Desde que la Fundación Mujeres por África, que tengo el honor de presidir, inició su andadura en febrero de 2012, esa labor de visibilización ha estado en nuestros genes. Porque el desarrollo del continente africano no se concibe sin la aportación decisiva de las mujeres. Y eso se tiene que ver, se tiene que valorar.

Por eso vamos a ir sector por sector, región por región, mostrando al mundo que allí donde las mujeres prosperan, prosperan sus comunidades y países. Algo que por otra parte ya nos muestran todos los índices de desarrollo y que desde luego demostráis cada una de vosotras.

Por eso juntos vamos a trabajar para que se vea y para que se oiga a las mujeres de los puertos de África Occidental y Central. Porque sé que con vosotras y en igualdad los puertos serán más democráticos, más equitativos y, por qué no decirlo, más eficaces. Serán los focos de crecimiento y de enriquecimiento sostenido, sostenible, equitativo (real, no especulativo)  y no sólo en lo  económico que están llamados a ser por la Historia.

Y por eso es tan importante que vosotras, las mujeres profesionales de los puertos, estéis permanentemente al día de lo que pasa, de los avances, de las tendencias mundiales y locales, que ya tienen mucho en común. Por eso es tan importante que estéis hoy aquí, que tengáis la mejor formación personal y profesional. Y vamos a trabajar juntas en formación, capacitación de líderes en este sector, y en que haya mujeres profesionales en toda la cadena de producción y mando.

No me cabe duda de que el futuro va a estar lleno de oportunidades para vosotras. En los puertos y en torno a los puertos surgirán nuevas técnicas y prácticas que aprender, nuevas actividades y negocios que emprender y desarrollar, y tenemos que estar atentas y preparadas para situarnos en la primera línea de los avances, de la innovación, del mejor y más eficiente desempeño profesional.

Y ese es un esfuerzo en el que vais a contar, ya estáis contando, con el apoyo de la Fundación Puerto de Las Palmas, pero también lo haréis con la fundación Mujeres por África, y para ello hemos firmado un acuerdo a tres bandas que promueve un plan de formación profesional, de capacitación, un acuerdo que nos llena de satisfacción y del orgullo de poder trabajar y acompañaros en vuestros objetivos, que son también los nuestros.

Amigas y amigos.

Las mujeres de todos los sectores, de todos los ámbitos de la sociedad y de la vida, estamos obligadas a dar un paso adelante para asegurarnos de que ganamos definitivamente la batalla. Estoy segura de que habrá un tiempo en que la desigualdad que hoy atenaza nuestro mundo, y muy especialmente la básica, la que lo parte en dos mitades asimétricas, la mitad de los hombres y la mitad de las mujeres, será un tema antiguo que causará asombro, por su sinsentido, a quienes lo estudien y que los niños y niñas en la escuela no se creerán del todo cuando les hablen de ello.

Pero todavía no ha llegado ese día. Y en estos tiempos vertiginosos en que asistimos a cambios acelerados, a mutaciones profundas en nuestro modo de vivir, de comunicarnos, de trabajar; en estos tiempos de transformaciones que nadie parece poder predecir o controlar, es vital, es fundamental que mantengamos el rumbo, y sigamos bogando como llevamos tantos años haciendo.

Porque si no lo hacemos continuaremos estando por detrás, estaremos discriminadas por un orden obsoleto que ni nosotras ni el mundo pueden soportar por más tiempo. Así que no nos queda otra opción que seguir empujando, seguir luchando y seguir ganando cada día un nuevo espacio de igualdad y de libertad.

Una libertad que, como bien ha dicho el filósofo irlandés Philip Pettit, no consiste en la mera ausencia de interferencias sino que cada uno, cada persona "es libre en la medida en que está capacitado para ser libre".

Pues bien, las mujeres nunca habíamos sido tan libres y tan capacitadas para ser libres. Nunca más seremos, en palabras de Eduardo Galeano, "ecos de voces masculinas y sombras de otros cuerpos”.

Y por mucho que se intenten aplicar tutelas o poner palos en la rueda de nuestro avance, somos imparables. La de las mujeres es una marea que no se puede detener, que no se debe detener, porque va a transformar para mejor el mundo en que hoy vivimos.

Y las mujeres africanas sois hoy la luna que más impulsa esa marea.

Sabéis que tenéis el apoyo y el impulso de las mujeres del mundo entero. Desde luego, el de las mujeres españolas, que yo he percibido claramente en el proyecto que llevo a cabo con mayor ilusión y en el que quiero contar con todas vosotras, la Fundación Mujeres por África.

Así que, queridas amigas, seguid trabajando, seguid construyendo, seguid ampliando vuestras redes, seguid promoviendo la igualdad, porque lo vais a conseguir, lo vamos a conseguir. Contáis con el mayor respeto, con toda la solidaridad, desde el compromiso y las metas que compartimos. Metas que son muchas, sólidas e irrenunciables.

Muchas gracias y un fuerte abrazo para todas.

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