Otra mirada hacia África en su Día

 

 

Alguien dijo que no hay puertas más sólidas que las de la justicia y que, precisamente por eso, para abrirlas de par en par tenemos que empujar todos. Cuando pusimos en marcha la fundación, siempre pensamos en ella precisamente como eso, como una puerta abierta entre pueblos, países y culturas. Sobre todo entre gentes.

Una puerta para el conocimiento y el desarrollo de África. Una puerta para el progreso de las mujeres africanas y sus sociedades. Una puerta que agradezco a todas y todos cuantos nos han acompañado en estos más de seis años de trabajo que hayan querido cruzar con nosotros. Y que por supuesto continuará siempre abierta.

Este año, el 25 de mayo, Día de África tiene un significado muy especial. Se cumplen 25 años de la creación de la Unión de Estados Africanos, hoy Unión Africana. 25 años en los que África ha experimentado un notable progreso. África interesa, África cuenta, África se siente, y está cada vez más presente en el escenario global. Así debe ser.

Sin embargo, sus retos siguen siendo muy importantes. Sobre todo porque el gran crecimiento que ha experimentado en la última década, toda la riqueza que el continente atesora y que se manifiesta en cifras de comercio milmillonarias, no se está traduciendo como debería en avance y progreso para su ciudadanía.

El crecimiento sostenible, sostenible medioambientalmente pero también socialmente, el crecimiento inclusivo, es el gran reto que afronta hoy el planeta, pero muy especialmente África.

Por supuesto, las soluciones están y tienen que partir en primer lugar del propio continente. Reformas estructurales, integración, comercio interafricano, innovación y explotación más justa y equitativa de la riqueza, son elementos muy importantes, estratégicos, para que África se sitúe, y así puede y debe hacerlo, como gran potencia económica a nivel mundial.

Pero vivimos en un mundo globalizado, los continentes, las regiones, tienen que mirarse unas a otras, compartir soluciones a problemas y retos que son comunes en todo el planeta, y también relacionarse y actuar de igual a igual.

Todas las regiones, y especialmente las más cercanas, deben reconsiderar su mirada sobre África.

No puede tratarse sólo de intereses y beneficios económicos, no debería tratarse de eso, sino de diseñar y llevar a cabo políticas de mayor colaboración y entendimiento. Políticas encaminadas a generar alianzas estratégicas beneficiosas por igual para todos los socios.

La vía de la explotación de la riqueza y el comercio no puede ser de un solo sentido, ni la visión del mundo tan miope que no vaya más allá de la preocupación por la inmigración o el radicalismo. El equilibrio, la cohesión que un mundo globalizado necesita en cada una de sus regiones, precisa una transformación de la mirada y de las políticas.

Pero hay un factor que será decisivo a la hora de conseguir hacerlo, a la hora de establecer el enfoque correcto para avanzar, y ese factor es el de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad y de la vida pública.

Porque sabemos que la democracia es la única base estable y segura para un crecimiento inclusivo, para un auténtico progreso humano y social. Y no se llega a entender ni a valorar en su justo término lo que supone que el 50% de la ciudadanía mundial, en el 100% de los países del planeta, esté discriminada.

Como afirma el PNUD, “una política dirigida a fortalecer el potencial de las mujeres es el motor de un desarrollo más incluyente y sostenible”. Algo que en África es especialmente constatable. En el continente africano, de norte a sur y de este a oeste, no se puede hablar de desarrollo, no se puede pensar en el desarrollo, no se puede actuar para el desarrollo sin escuchar, sin tener en cuenta, sin contar con las mujeres, porque ellas son sus principales impulsoras, el factor que está empezando a cambiar muchas sociedades en África.

La Fundación Mujeres por África ha hecho de ellas su gran objetivo. Todos nuestros programas tienen como fin apoyar a las mujeres eliminando los obstáculos que dificultan su camino, dando respuesta  a sus necesidades, aportándoles formación, visibilizando su acción, amplificando su voz, propiciando sus iniciativas y su liderazgo.

Y algo que hemos aprendido es que las africanas dejan muy alto el pabellón de su continente. Nunca decepcionan. Por eso cada día que pasa estamos más orgullosas, más convencidas de que acertamos en nuestro enfoque cuando decidimos que, si queríamos contribuir al desarrollo del continente, no había mejor forma de hacerlo que trabajar con sus mujeres.

Feliz Día de Africa.

María Teresa Fernández de la Vega

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